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| Eduardo Castex, La Pampa.

PJ pampeano: los buenos y malos socios y el aguijón esperado (*)

El gobernador Carlos Verna recibió las declaraciones con enojo, pero sin demasiada sorpresa. Sabía que en algún momento iba a suceder. La extorsión del ministro Juan Carlos Tierno de intentar condicionarlo al reclamar que rompa con el marinismo o en caso contrario él iba a ser candidato por afuera del PJ es parte de la teoría del escorpión al que tiene acostumbrados a propios y extraños.

Tierno ya venía avisando sobre la definición que hizo pública la semana pasada. Fue preparando su salida del gobierno vernista desde hace un tiempo con diferentes declaraciones y puestas en escena. Hay un hilo conductor en el que los ataques al marinismo, y sobre todo a su jefe histórico, el ex gobernador Rubén Marín, fueron una constante, que se sumaba a conflictos con funcionarios vernistas. Desde el año pasado, en esta columna ya se había avisado.

Jugar a victimizarse

El ministro lanzó que si persistía la alianza con Marín se alejaba. Una condición difícil de cumplir cuando Marín ha sido el principal socio político de Verna. Lo que fue ratificado en la última reunión que mantuvieron ambos. El mensaje fue claro: Tierno se va del cargo.
Ahora espera que el gobernador Verna lo eche para victimizarse. Verna no parece que quiera pagar ese costo político. Tal vez aguarde a que el Superior Tribunal de Justicia dicte el fallo que lo termine de inhabilitar al confirmar la condena por abuso de autoridad que pesa sobre el funcionario para no tener que hacerlo él mismo. Pero mantenerlo en el cargo es un desafío. Ahora el ministro pasó un límite: no solamente atacó a Marín, sino que directamente enfrenta a Verna.
Tierno había provocado en los últimos tiempos cierta tensión en el PJ, cuando en el resto del peronismo la tendencia es a la unidad en la diversidad. De hecho, había llegado al cargo por un acuerdo político y personal con Verna en 2015 pero nunca estuvo identificado con el gobierno ni con el resto del PJ. En la campaña de 2017 ni participó. Ni iba a pedir por la reelección de Verna. Había especulado que en 2019 podía llegar a ser candidato a gobernador si Verna no se presentaba. Pero ahora la realidad cambió: el mandatario va por la reelección y él se puede quedar sin cargo.

Incómodo para todos

Tierno es un elemento incómodo para todos. Sus decisiones están atadas a una patología propia: megalómano, autoritario, autocrático, inorgánico, personalista. Nada que ya no se sepa ni el autor de esta columna haya dicho en otras oportunidades. Cansa volver sobre lo mismo.
Siempre fue una molestia en el gabinete, aunque Verna lo haya sostenido en el gobierno, en parte por el acuerdo político -que implicó la permanencia de su esposa como diputada provincial en el bloque oficialista- y en parte porque daba cierto perfil para un área sensible como es la de seguridad. El vernismo tuvo que sobrellevar sus arrestos autónomos, su cercanía con la ministra Patricia Bullrich, sus constantes roces con las demás áreas (la mayoría), hasta con su yerno, el segundo del ministerio que supo confiarle a un funcionario que ya estaba superado por su suegro, o sus polémicas medidas. Para el marinismo era un constante provocador. Los dirigentes marinistas ya estaban además cansados de sus declaraciones y de que el gobernador Verna no lo desalentara o lo reprendiera públicamente.
Para el PJ, en un momento en que se juega en 2019 su continuidad en el poder, también su alejamiento puede ser un problema, ya que necesita contar con todos los votos necesarios para enfrentar a Cambiemos. Ese es el cálculo que hace la oposición. Pero además, en lo inmediato, el oficialismo perdería un diputado ya que la esposa del ministro haría, como ya lo hizo en dos oportunidades, un bloque aparte.
Para el PJ, hay otras lecturas. Se aleja un funcionario de perfil polémico, que atraerá aún más a la unidad a sectores que discutían su permanencia como el kirchnerismo, y que tampoco hizo mucho por la unidad del peronismo o electoralmente. Pero además afirman que para Cambiemos va a ser un doble problema que esté fuera del PJ: por un lado, se especula que los votos suyos son más de la oposición no peronista que del justicialismo, por lo que le sacaría apoyos, y por otro que de sumarse a Cambiemos sería romper hacia adentro las posibilidades de un frente ya que sectores del radicalismo son contrarios a cualquier acercamiento.
Hay que preguntarse, ¿conserva Tierno parte del apoyo electoral que supo tener? En 2015 en la interna del PJ por la intendencia de Santa Rosa, cosechó unos 6.000 votos, con Verna como postulante a la gobernación. En 2015 fue necesario para que fuera parte del bloque que le ganó al jorgismo. Se vendió al mejor postor y Verna lo sumó en su ingeniería para ganar.

La buena y la mala sociedad

Tierno es para el PJ un ejemplo de las malas sociedades políticas. A diferencia del marinismo, un socio estratégico del vernismo, como lo suele categorizar uno de los dirigentes naranjas. El marinismo es parte de la gobernabilidad y del armado del PJ acompañando a Verna. Es una fuerza aliada, más allá de que algún dirigente pueda molestar con su exposición pública a algunos vernistas, pero eso es parte del juego político de conservar la identidad y posicionarse políticamente. Tierno jugó siempre la personal y a la autonomía política. Solamente los retos de Verna en reunión de gabinete habían logrado controlarlo. El ministro es garantía de una mala sociedad, y Verna esperaba su aguijón en cualquier momento. Algo que también lo debe advertir Cambiemos, si es que hay sectores que en estas circunstancias especularían con llegar a sumarlo.

(*) Por Norberto G. Asquini

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La vertebración y la virtud del "nuevo" PJ pampeano (*)

Volver a las raíces del "todos unidos triunfaremos" podría haber sido el título alternativo, y más llano, para esta columna que plantea la vertebración del "nuevo" Partido Justicialista pampeano. Una lógica política propia del PJ provincial que se asoma como virtud en un escenario nacional donde el peronismo está preso de la dispersión y la fragmentación ante la carencia de un líder que marque su rumbo.

Esa lógica es la de tender puentes para los consensos. Una coherencia política interna que desalienta la confrontación y que congrega a sus distintos componentes detrás de la conducción del gobernador Carlos Verna, que es el que detenta la suma del poder. Hay una tácita aprobación y aceptación a este liderazgo que ha unido política y gestión. Muestra de este estado de cosas será el Congreso Provincial del día 18 en General Pico, convocado para cumplir con una formalidad que exige la carta orgánica. El encuentro puede llegar a pasar desapercibido por la falta de definiciones, pero el dato central será el clima de consenso interno. De hecho, se ha pedido a las distintas líneas, corrientes y agrupaciones allí representadas que no lleven bombos. Ese congreso será casi la continuidad de lo ocurrido en el acto del 17 de octubre pasado en la sede partidaria, en el que todos los sectores convivieron sin roces. La cercanía parece sentarles bien a todos.

Es el clima pos-interna 2015 que se vive hoy. Hay una gestión que aglutina y una necesidad coyuntural de afrontar unidos las elecciones de 2017, frente a una oposición que por ahora irá dividida y que puede disputarle nuevamente un diputado nacional en las próximas legislativas. Muchos miran todavía más allá: "no hay 2019 sin 2017", dicen. Una frase que ya es una verdad revelada y que ha sido convertida en cliché por la abundancia de su uso. Esto se ha imbricado en el sentido común del nuevo justicialismo. ¿Puede haber un candidato K por dentro del PJ en esos comicios que rompa con ese esquema? Por ahora solo se vislumbra que ese espacio político -que según el interlocutor justicialista consultado se lo denomina periférico, inorgánico o silvestre- presentará sus candidatos por fuera del justicialismo a través de Nuevo Encuentro.

Una muestra de este estado de cosas tendiente a la integración la dio Compromiso Peronista en el encuentro que realizó en el Recreo Mercantil de Santa Rosa. Tuvo un discurso conciliador, de apoyo al gobernador y no se mencionó a la expresidenta Cristina Fernández. Por supuesto, se siguen reivindicando medidas del proyecto nacional y popular de los Kirchner, por un lado como dato identitario del sector que necesita su anclaje nacional, y por otro frente a las políticas del macrismo. Pero no son los únicos. El discurso de reconocimiento a las políticas sociales implementadas por el matrimonio K, aunque despegándose de la figura de la exmandataria, también lo han adoptado desde el marinismo y el robledismo, como forma de captar parte de ese voto que hoy no parece encontrar su espacio en el peronismo pampeano. Todo suma a la unidad.

Pero unión no significa confusión. Hay más consenso por agregación que por síntesis. Se notan los grumos en la masa que pacientemente está moldeando el peronismo. Si algo ha quedado del estallido interno pos-marinista y el paso del kirchnerismo nacional en el peronismo pampeano ha sido la fragmentación interna. El vernismo gobierna como fuerza mayoritaria pero lo hace con sus aliados internos. Casi lo que se podría llamar un "gobierno de coalición", forzando esa categoría. Y si bien están todos alineados detrás de una estrategia, eso no significa que las líneas centrales y alternativas no preserven su identidad y hagan su propia construcción.

En ese marco hay tolerancia hacia los movimientos estratégicos de cada sector, pero no todos adhieren en el oficialismo a esa autonomía. Hay funcionarios y dirigentes que observan con ojos suspicaces cada paso de sus aliados. Muchas veces con demasiado celo y filtro. La construcción de este "nuevo" justicialismo se vehiculiza a través del consenso hacia la figura de Verna, pero muchos fuerzan las cosas. En ese marco podemos ver dirigentes marinistas que deben soportar críticas a las actividades que llevan adelante o jorgistas que dan explicaciones por tener un encuentro con el kirchnerismo.

Este clima interno de unidad se mantendrá en 2017. Hay acuerdo, al menos en los dirigentes consultados por el autor, de que el PJ presentará una sola lista en las legislativas, y que evitará por todos los medios una interna. "No hay lugar para las aventuras", indican mientras explican.

Otra cuestión es cómo se resolverá esa lista, en la que solamente habrá un puñado de nombres, y uno solo de ellos tiene asegurada la banca en el Congreso. Verna será el que defina, pero no lo hará en soledad sino buscando la anuencia del resto de sus aliados. O al menos de los dirigentes más encumbrados. Cada sector también tiene sus necesidades ante esta elección. El que encabece puede ser un vernista para sostener la posición pampeana que lleva adelante el sector en el Congreso. Un marinista, para solidificar la relación de "socio estratégico en la gobernabilidad", como le gusta decir a un destacado dirigente provincial. O un jorgista, para contener y acercar a esa corriente, más allá de las resistencias que pueda generar en distintos sectores. El marinismo y el jorgismo ya piensan en colocar un candidato, ya sea primero o segundo en la boleta. Hay en esto varias cuestiones en juego, y una de ellas es también definir cuál es la segunda línea detrás del vernismo.

El peronismo nacional está huérfano de un líder fuerte a nivel nacional. Circulan a futuro los nombres de Sergio Massa, Cristina Fernández y Juan Manuel Urtubey, entre los que tienen un plus sobre el resto. Por lo que hoy la fragmentación interna es la norma para todos. Frente a ese escenario, el PJ pampeano ha encontrado la llave para sobrellevar ese momento a través del consenso y la unidad.

AsquiniNorberto columnista

(*) Por Norberto G. Asquini

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¿Fin de ciclo para el "intendentismo" del PJ? (*)

Los intendentes del PJ ya no son lo que fueron. Esa sería la frase que resume la cuestión medular de esta columna. Aclaremos: durante ocho años los jefes comunales del PJ, en un número que rondó los 55, fueron un factor de poder que impulsó el ascenso de gobernadores y dirimieron la interna justicialista. Ahora ese ciclo parece haberse cerrado si tenemos en cuenta el acotado espacio que les ha quedado en el escenario político provincial.

La emergencia de ese "intendentismo" fue generada por la misma interna del PJ y la estrategia de Carlos Verna de darles como colectivo un rol central en el armado de la estructura por encima del partidario, priorizando así su poder territorial e institucional. Por supuesto, "intendentismo" es un término acuñado para los caciques y barones del Conurbano bonaerense, que se unen para hacer sentir su poder hacia afuera y adentro. Hay que reconocer que queda algo grande para la política pampeana.
Hagamos un breve repaso. En 2007 para enfrentar al marinismo, el vernismo fue armando el espacio que fue la Línea Plural, le dio fuerza a la descentralización y desde allí impulsó a Oscar Mario Jorge como gobernador. Y ganó la interna. Con Verna en el llano, la mayoría de los jefes comunales se mantuvo fiel a la espera de su segundo mandato y marcándole el espacio a Jorge. En 2011 era la vuelta de Verna, pero el conflicto con la presidenta Cristina Fernández hizo que renunciara a su candidatura y que Jorge fuera reelecto, teniendo a los intendentes como principal apoyo. Jorge como gobernador se enfrentó a Verna y su principal apoyo fueron los intendentes que conformaron Compromiso Peronista. En 2015 dos estructuras se enfrentaron en el PJ y ambas contaron uno por uno a los y las intendentes que estaban de un lado o del otro, como señal de su poder interno. Los jefes comunales jorgistas fueron quienes de hecho llevaron a Fabián Bruna como precandidato a gobernador, al que le ganó Verna.
Ahora el presente. En 2016 los intendentes parece que se han replegado, y ya no son ese bloque que supieron ser. De mostrarse casi como un poder corporativo, aunque detrás de un líder provincial, pasaron a la dispersión. Hay varios factores que influyeron en este escenario.
Por un lado, la diversidad interna. Hubo dos elecciones el año pasado que enfrentaron a vernistas-marinistas y jorgistas-kirchneristas. Después, en la general, detrás de la boleta que llevó nuevamente a Verna a la gobernación estuvieron todos, o casi todos, lo que no significa que no hayan quedado diferencias políticas y personales. Es que casi el 40 por ciento de los jefes comunales del PJ actuales acompañaron la boleta del jorgismo, y todavía hay concejales del otro sector que le hacen sentir las heridas dejadas por la interna. Y viceversa.
Encontramos en ese marco algunos desacuerdos que se sostienen soterrados. ¿Se hacen por esto diferencias en el vernismo con los jefes comunales que estuvieron de un lado o del otro? La política es interpretación, y su trama es polisémica. El autor no puede discernir el interrogante planteado a pesar de la charla con varios esos protagonistas. Algunos hablan como un ejemplo que al intendente de Algarrobo del Aguila, que jugó para el jorgismo, lo dejaron fuera del comité de crisis por el río Atuel; en el otro sentido, hay jefes comunales que detallan la presencia permanente de los funcionarios de Asuntos Municipales ante las necesidades diarias.
Un segundo factor es la nueva relación económica entre Provincia-municipio. Los intendentes vieron cerradas sus cajas deficitarias ante la cantidad de empleados públicos que tenían. Hubo supervisión de Provincia de las cuentas en Santa Rosa, General Pico y 25 de Mayo y una “bajada de línea” muy firme del gobernador a todos los intendentes para que actúen con responsabilidad y austeridad. Al menos un funcionario habló con algunos jefes comunales de reducir la planta de empleados donde la situación es más complicada. No se quiere mencionar la palabra ajuste en Casa de Gobierno, pero hubo que ordenar las cuentas. Los primeros resultados de esta política se vieron reflejados en el último pago de los aguinaldos donde no hubo ayuda a ningún municipio -en Hacienda no se recuerda cuando fue la última vez que esto sucedió- y todos pudieron hacer frente al pago sin ayuda provincial
Y esto nos lleva al tercer factor: la centralidad de Verna y la centralización política. En ese escenario de reconfiguración interna y ajuste, la foto del mandatario en su escritorio recibiendo a los jefes comunales de a uno ha sido una constante. Esa imagen tiene todo un significado político: los recibe y atiende sus pedidos -haya o no soluciones-, y con eso se diferencia de la queja más importante que tenían muchos intendentes para con Jorge. Hay además un doble juego en esa relación: Verna descentraliza programas y fondos, pero a la vez centraliza poder. La Secretaría de Asuntos Municipales está más presente en cada localidad, lo que genera que también esté más presente el Estado provincial en cada gestión comunal, por dar un ejemplo.
Aunque es una estructura dormida por ahora, el justicialismo ha tenido en los intendentes y presidentes de comisiones de fomento su estructura de poder territorial en la última década. Seguramente despertará, una vez que se reordene nuevamente el campo peronista provincial con una nueva configuración, cuando lleguen los tiempos electorales. Solo queda como incógnita saber si conservará el poder que tuvo en otras coyunturas.

(*) Por Norberto Asquini (periodista e investigador)

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