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| Eduardo Castex, La Pampa.

Dos países a una cuadra de distancia (*)

Dos países a una cuadra de distancia (*)

San Carlos de Bariloche está conmocionada. Luego del asesinato de Rafael Nahuel a manos de la Prefectura Naval Argentina, ayer coincidieron dos marchas en la plaza de la ciudad. “Mientras no respeten la ley, mientras que no obedezcan al Estado Argentino, no debemos sentarnos a dialogar”, decían los que apoyan la represión. “El Gobierno nacional se niega a dialogar, inventa el RAM sin pruebas, inventa la violencia sin analizar que la violencia en estos doscientos años ha sido desde el Estado”, decían los que repudian el accionar de las fuerzas federales.

En la tarde de ayer se llevaron a cabo dos marchas en la ciudad de San Carlos de Bariloche. Una repudiando a la represión vivida en los últimos días por las comunidades mapuches. Otra para darle apoyo a las fuerzas federales. El 29 de noviembre del 2017 quedará en los anales de la ciudad de San Carlos de Bariloche. Con el tiempo, como ocurre con esos hechos del presente predestinados a la historia, serán más y más los que recuerden haber estado aquí, los protagonistas de actos heroicos, los triunfadores de discusiones a todo o nada.
A la misma hora en el mismo lugar se toparon la marcha “de apoyo” a las fuerzas federales y la que repudiaba el asesinato de Rafael Nahuel y la reforma laboral.
Y no es que estos dos mundos se desconozcan, que no sepan uno del otro. Pero por primera vez, en la memoria del cronista, salieron a disputarse la calle a la hora.
Fue a las 18,30. En la marcha de apoyo a la represión, ubicada más cerca del lago, mirando el reloj del Centro Cívico, se entonaba el Himno Nacional. Frente a ellos, copando la plaza, otra multitud saltaba al grito de “La plaza es de los trabajadores y al que no le gusta se Jode…”
Se cortaba el aire con un hilo. Parecía difícil que todo terminara un poco peor aún de lo que ya estaba. Los que se oponían a la represión doblaban en número a los que pedían represión. Los que apoyaban la represión doblaban en edad, en promedio, a los otros.
Las ropas eran bien distintas, mocasines o zapatos de un lado, zapatillas del otro. Los cabellos también. Gomina y prolija raya vs. cabelleras al viento. El tono en general era distinto, el lector entiende.
Entre los que apoyaban a la represión sobresalían vecinos con “chapa”. Mariano De Miguel, uno de los más importantes empresarios de la ciudad, quien supo llevar a pasear a Bill Clinton en su yate, durante su estadía en la ciudad. Ana de Barba, prima política de otro gran empresario. El Chango Macdonall, folklorista vernáculo que supo conquistar algunos éxitos y nunca ocultó su mirada nacionalista, junto a su señora, directora de escuela.
También marchaba un periodista jubilado, actualmente dueño de un restaurante, quien argumentaba: “Mientras no respeten la ley, mientras que no obedezcan al Estado Argentino, no debemos sentarnos a dialogar. No hay manera de hacer las cosas en un país, si no tenemos estos puntos básicos de acuerdo”.
También estaba, un puntero del Pro, fiscal general en las elecciones, acomodador de autos en un restaurante del final de la calle principal. Calle Mitre. Fue quien terminó copando el escenario con un discurso que trascribimos más adelante.
Del lado de los que repudiaban el asesinato de Rafael Nahuel decía presente el Tucu, gran arquero del fútbol amateur, el Vickingo, maestro primario de rulos rubios. Y Alfredito, aquel que alguna vez se hiciera famoso por increpar a Astiz.
De un lado, una señora apuntaba con el dedo como si fuera un cañon de pistola a la cabeza de los de enfrente. Y gatillaba.
Del otro, Fabián agitaba con rabia una remera con la cara de Santiago Maldonado, al grito de: “Asesinos, asesinos”.
Al distinguir a un periodista “combativo” desde un lado surgía el grito de “este es lo peor que le pasó a la ciudad”. El colega agachaba la cabeza y contestaba “que gente fea que son, fea”.
Así la tensión fue creciendo, como cuando dos perros se ladran alambrado de por medio. El final no se auguraba bueno. Pero extrañamente, como demostrando que cuando quieren pueden, apareció la Policía de Río Negro. Solicitando amablemente a los que estaban apoyando la represión que circularan para evitar tensiones mayores.
Así, mientras unos marchaban por las calles de la ciudad, los otros quedaron saltando y festejando como chicos haber copado la plaza que, sienten, les pertenece. La llamada “Plaza de los pañuelos”, en honor a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
Los discursos fueron dispares. En la plaza arrancó Orlando Carriqueo, Secretario del Parlamento Mapuche Tehuelche, haciendo un recorrido por la historia de su pueblo. Del otro lado, frente al edificio de Parques Nacionales, el puntero del Pro, quien se negó a dar su nombre a la prensa, hablaba verborrágico, hasta preocupado “porque la temporada está perdida”.
Pasen y lean, los convidamos con las palabras que se dijeron de uno y otro lado.
Discurso (completo) de apoyo a las Fuerzas Federales, pronunciado por un puntero PRO que se negó a identificarse frente a Parques Nacionales
“Este pueblo no merece la mierda que está pasando. Estoy esperando que algún juez con bastantes huevos sea lo suficiente hombre como para tomar las medidas judiciales que correspondan. Todos los días estamos aguantando a los mierdas que prenden fuego, acá, acá y en todos lados. Esto es una porquería señores. La constitución garantiza los mismos derechos para que todos sean felices y todos los hijos de puta que andan por ahí tienen las mismas oportunidades que cualquiera para ser feliz. Pero estos asquerosos parásitos no quieren ser felices. Ya la temporada se perdió, pero no importa, lo verdaderamente importante es que hay cohesión ciudadana y que juntos y con valentía salimos a pedir que se cumpla con la ley. Les agradezco a todo por venir, júntense, defiéndanse, porque si no nos vamos a quedar sin pueblo. Carajo los quiero felicitar también por tener pensamiento propio y los felicito también por tener la valentía de estar acá”.
“Nos vamos acomodando sintiendo todos los días el despojo, la estigmatización y traemos la lucha de nuestros grandes Lonco. Somos la sangre derramada en esta tierra. Somos los que acompañamos a San Martín a cruzar Los Andes. Somos los trabajadores informales, anónimos, que vivimos en el alto del despojo de la desigualdad de la marginación, en donde nuestros pibes siguen siendo correteados por la policía. Nuestro pueblo tiene más de 15 mil años de historia frente a dos estados con doscientos años de existencia. Parece resistencia, pero es la dignidad de un pueblo que se niega a desaparecer, es la dignidad que hemos puesto en la Argentina. El gobierno nacional se niega a dialogar, inventa el RAM sin pruebas, inventa la violencia sin analizar que la violencia en estos doscientos años ha sido desde el Estado. Una Historia oficial que hay que deconstruír, que nos tiene invisibilizados y que no entiende que tenemos que luchar por la tierra, por el trabajo, porque pocos trabajadores en a Argentina pueden acceder a la tierra para hacerse la casa. Por eso esta es una lucha que la sociedad tiene que asumir. La Argentina tiene que entender que en parte es indígena, para entender a los pueblos originarios. Es necesario entender que esta lucha es un escalón más de lo que vivimos en estos doscientos años. Es triste relatar lo que nos toca vivir a nosotros todos los días. Por eso es que debemos luchar”.

(*) Por Marcelo Parra para Nuestras Voces

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