El vicegobernador Fernández recibió al investigador pampeano que ganó el “Oscar Verde”

El investigador de la Universidad Nacional de La Pampa, doctor en biología José Sarasola, fue recibido por el vicegobernador Mariano Fernández, quien se encuentra sumamente interesado por la tarea que lleva adelante en procura de evitar la extinción del águila del chaco que frecuenta los cielos pampeanos. El vicegobernador pampeano les manifestó a los investigadores su interés de poner la Legislatura a disposición para tener una participación plena en el objetivo que persiguen los investigadores, sobretodo en cuanto a la difusión y puesta en valor de su trabajo.   

Sarasola estuvo acompañado por sus pares de nacionalidad española, la doctora Beatriz Miranso y el licienciado Diego Gallego, con quienes integra el Centro para el Estudio y Conservación de las Aves Rapaces en Argentina (CECARA) de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNLPam, que participa del proyecto de conservación del águila coronada (como vulgarmente se la conoce a este ave) hace más de 15 años.





El trabajo de estos investigadores, particularmente el desarrollado por Sarasola en el oeste pampeano, obtuvo un importante reconocimiento.  El 1 de mayo de este año, fue premiado en Londres,  por la Whitley Awards con 40.000 libras por su trabajo en la conservación del águila coronada. Premio que le fue entregado por la princesa Ana durante la ceremonia oficial. Esta fundación internacional premia a personas que se dedican a la conservación de especies en peligro o ambientes y es considerado el «Oscar Verde».

“TAREAS DE CONSERVACIÓN”

La audiencia con el vicegobernador Fernández se enmarca en una de las demandas que implica el premio recibido, la interacción con la sociedad, que la ciencia “baje a las comunidades y así hacer más efectivas las tareas de conservación de este águila”.

Sarasola realtó sobre el inicio de su trabajo  en el año 2001. “Tuvimos altibajos, pero nunca cesamos”, destacó. Y relató que uno de los éxitos fue “en la primera investigación que llevamos adelante, porque fue la primera amenaza que identificamos para la especie,  fue la investigación de los hábitos de alimentación del águila”, explicó. “La gente de los pueblos del oeste nos decía que se alimentaba de ganado doméstico  y por eso solían atacarlas.  Descubrimos que no era así, por el contrario, se alimentaban fundamentalmente de víboras que suelen acechar esas poblaciones. Y entonces nos enfocamos en un trabajo de extensión y de educación para llevar esa información científica, o tomada con rigor científico, a las escuelas, a los pobladores, que no era una especie dañina para sus actividades económicas y productivas, y la recepción fue buenísima, de hecho la gente y, sobre todo, los niños y niñas de las escuelas rurales se engancharon muchísimo con el proyecto y el águila es ahora una especie reconocida como parte de su entorno natural y, en muchos casos, sobrevuelan en las escuelas rurales en sus propios patios porque están en un ambiente totalmente natural y en un ambiente de distribución del águila coronada”, detalló. “Ese fue el primer trabajo y nos dio una base para encarar todo tipo de trabajo de conservación que involucre también a la sociedad”, agregó.

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