Roberto Martínez fue un odontólogo cordobés, que vivió más años en Eduardo Castex que en su propia tierra. Hoy, viernes santo, en plena cuarentena obligatoria, transmitieron el deceso de una persona que se formó en colegios religiosos y que tuvo una intensa vida social. Intelectualmente fue brillante, y precisamente las cuestiones neurológicas precipitaron el final de sus días terrenales. Fue apasionado, verborragico y luchador; y dentro de las distintas actividades que desplegó también incursionó en la radio y la TV, y condujo un programa en Radio DON 101.5 Mhz, que se denominó –como no podía ser de otra manera- “La Semana Pensada”.
Martínez fue una persona intelectualmente brillante, con luces y sombras como todos los humanos. Con Cristina formaron una familia de la cual se sentía orgullo: sus hijos y nietos, fueron una debilidad y motivo de ocupación –y preocupación- constante.
Políticamente siempre se identificó en el sector de centro izquierda, por eso no resultó llamativo a sus conocidos y amigos que pasara de estar identificado con la UCR alfonsinista al kirchnerista Frente para la Victoria, donde “La Cristina” le despertó “el fanatismo” que hasta plasmó en su piel. Y tuvo la “cintura política” que le dio formarse en una provincia convulsionada y en un barrio popular: el amado San Vicente del cual nunca omitió recordar que en la década del 30 hubo una rebelión porque no permitían organizar un corso y se autoproclamaron “La República de San Vicente”.
Creció en ese ámbito cultural y político. Y ahí desarrolló una “cintura política” que le permitió estar al frente de la entidad tricolor castense, siendo el único identificado con los “boinas blancas” que se mantuvo en ese “Eduardo Castex triangular” de la década del 80 y principios del 90, cuando Livio Curto y Juan Carlos Peirone –peronistas y bohemios- se desempeñaban en el municipio y la Cospec, respectivamente.
Presidió la época de oro del Club Estudiantil de Eduardo Castex. Esa que estuvo regada de obras, grandes equipos de fútbol y una intensa actividad institucional, sustentada económicamente en la confitería The Mouse. El incendio intencional –nunca esclarecido por diversos factores, donde influyó hasta la meteorología- también quemó un proyecto pensado y ejecutado con sus amigos: los ya fallecidos Enrique Peirano y Juan Carlos Pascal.
Cuando comenzó a abandonar la actividad social y política, se volcó a los medios de comunicación. Pasó por Difusora Castex, y condujo un programa sabatino en Radio DON 101.5 Mhz. En La Semana Pensada volcaba un análisis impecable de los hechos salientes de los últimos siete días, y se extendía en entrevistas con personajes destacados del ámbito provincial, nacional e internacional.
Conservó algunas cosas de la Córdoba natal: la mesa de café “de los Bongiovanni” durante décadas, la lectura apasionada de los diarios y también de algún libro de temática política-social; y el debate político en cualquier frente y con cualquier interlocutor, porque lo mamó desde muy joven con el Cordobazo.
“Estoy leyendo seis o siete diarios por día y no puedo creer como nos quieren cambiar el eje de la discusión”, se ufanaba cuando ya internet lo permitía, y empezaba a vislumbrar la denominada “brecha” que se instalaba en la sociedad argentina, como había ocurrido ya en décadas pasadas.
La llegada de la jubilación empezó a cambiar algunas cosas en su vida. Todo lo planificado se empezó a derrumbar. Los viajes, pasaron a ser visitas a los médicos. Los encuentros o reuniones, fueron turnos con profesionales. La partida –acelerada- de algunos amigos, también lo lastimó. Empezó a debatir con sus propias convicciones y creencias. Porque también tuvo un desarrollado espíritu crítico, que quizás pocos conocieron. Aunque los familiares aseguran que no perdió esas capacidades hasta el último momento de su vida, cuando un mensaje nos alertó su deceso.
Hoy se fue un apasionado luchador, un brillante analista y observador de la realidad social y política. Pero, la pucha con las paradojas de la vida. Se fue un viernes santo. Se fue un tipo amigo de los amigos, acompañado solamente por su familia, dado que una peligrosa pandemia azota al mundo, y ni siquiera permite despedir a los seres queridos. Y quizás, así lo hubiera deseado. En la última morada, en el centro de la escena, rodeado de sus afectos, sin dejar una imagen de debilidad y/o vulnerabilidad. Porque, así también son las personas que nacieron para liderar en el ámbito de la vida que les toque desempeñarse.
Hasta siempre, Roberto
(*) Coclete Rosa