Cuarentena, segunda fase: Ziliotto, el fastidio y el futuro (*)

El gobernador Sergio Ziliotto, como el presidente Alberto Fernández, está buscando el equilibrio entre las presiones del presente y los desafíos a futuro producto de la pandemia de coronavirus COVID-19. Entre sostener las medidas de prevención y control sanitarias para preservar la salud de la población, y los pedidos de reactivación de las actividades económicas de distintos sectores.



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Es un dilema que no es tan dilema: la salud está primero y las medidas tomadas por los gobiernos tienen amplio consenso. Pero a la vez, la gente necesita sostenerse económicamente. Difícil ese equilibrio, sobre coto cuando no hay un modelo para afrontar una cuarentena, ni tampoco uno para su salida.

La segunda fase

Este fin de semana ingresamos a la “segunda fase” de la cuarentena obligatoria: apertura a más actividades, más excepciones escalonadas para que no se descontrole la situación, más distención. Habíamos llegado en los últimos días a lo que algunos analistas consideran como la etapa del “fastidio”, la “impaciencia” de la población. De agobio social y económico que martillaba sobre el estado de ánimo tras una larga cuarentena. Todo esfuerzo tiene un límite determinado por la capacidad de tolerar dolor o incomodidades. En situaciones críticas la naturalización del peligro es esencial y la gente se adapta a las medidas, pero “el monstruo en Argentina no aparece” y la conducta y la cuarentena comienzan a distenderse, indica el encuestador Jorge Giacobbe. La sociedad comienza a sentir las consecuencias del esfuerzo implementado, más allá del acierto de esas medidas.

Reformular la cuarentena

El rol del Estado protector debe continuar, pero ahora reformulado. El gobernador Ziliotto comenzó a sentirlo con la prórroga de la cuarentena obligatoria. Mantuvo las medidas sanitarias, pero empezó a pensar en flexibilizar otras. El presidente Fernández involucró políticamente a los gobernadores en las decisiones, y a intendentes. Es que algunos mandatarios hablaban por lo bajo de abrir más la economía. El presidente les indicó que si pretendían más excepciones, hicieran sus propuestas. Ziliotto en ese sentido mantuvo el apoyo al mandatario, pero en la semana envió una propuesta para que se considerara exceptuar más actividades. Es la “cuarentena administrada”, siempre con las prevenciones del caso.

El papel adoptado por el Estado es indiscutible, como las medidas que han servido para evitar un mal mayor como era la propagación del virus y las muertes. En pocas semanas, un gobernador como Ziliotto, que asumió con proyectos y discursos de transformación, vio cambiar radicalmente el escenario y su función. Hoy es quien debe proteger a la gente. En todo sentido.

Una salida que sobre llovido, va mojado

En ese marco, el futuro de la normalización, de la salida, queda todavía lejos para todos, pero llegará. ¿Qué pasará entonces? ¿Cuál será el escenario y cuál el papel del gobierno? Al día después de la crisis sanitaria sobrevendrá asumir el problema de la recesión, el desempleo, una economía aún más debilitada y que necesita todavía más el auxilio estatal, con el dólar en alza. Si los gobiernos recibieron inicialmente el apoyo por la centralidad estatal frente a la pandemia, en un futuro deberán afrontar los reclamos por las graves necesidades del bolsillo de la gente. El futuro trae déficits y más esfuerzos: la asistencia se debe profundizar tanto a los desempleados como a aquellos comerciantes y trabajadores que quedaron al borde del abismo.

El analista Carlos Fara afirma que la opinión pública tolera cosas con la pandemia que no las va a tolerar luego. “Va a ser un escenario muy difícil todo el mandato: sobre llovido, mojado, la Argentina arrastraba una crisis descomunal, y esto no hace más profundizarla”, afirma. En todo este proceso inédito, el presidente y los gobernadores tienen una carta a favor a futuro cuando se comience a pensar exclusivamente en el bolsillo: el problema es mundial, lo que dispensa de responsabilidad a los gobernantes locales. Es más difícil que la opinión pública sea igual de severa como cuando una crisis se produce por impericia del mandatario de turno.

Llega la cuarentena administrada, pero en el horizonte lo peor parece que está por venir. Hay apertura, algo más de distención en la vida cotidiana. El peligro ahora es relajarse. El virus sigue esperando el momento de entrar en nuestras casas. 

(*) Por Norberto G. Asquini (periodista e investigador)

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