Es hijo de una castense y es el tercer basquebolista más alto en la historia de la LNB

El básquet argentino es una cantera inagotable de talentos. Desde Manu Ginóbili para abajo, antes y después del multicampeón de la NBA con San Antonio Spurs hubo y habrá jugadores destacados en el ámbito nacional e internacional.



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La gran desventaja con otras latitudes es, históricamente, el tamaño de los basquetbolistas, más allá de que en los últimos años hayan aparecido algunos jóvenes de gran porte. El más grande, en ese sentido, lo tiene Atenas de Córdoba y es pampeano. Se llama Joaquín Lallana, mide 2,16 metros, tiene 24 años y está en el podio de los argentinos más altos que han jugado la Liga Nacional de Básquet (LNB).





De La Pampa.

«Sí, soy pampeano, mi mamá es de Eduardo Castex y yo nací en General Pico», asegura el joven al ser contactado por periodistas de La Chueca, el suplemento deportivo del diario La Arena, para que cuente su hasta ahora desconocida historia en estas tierras. Con tonada evidente, Lallana aclara que siempre vivió en Córdoba, pero que por cuestiones familiares y casuales nació en La Pampa el 19 de abril de 1996.

«Cuando mi mamá estaba en los últimos días de embarazo fueron a Castex para estar con la familia, y el día que se descompuso estábamos justo en la ruta, no sé bien por qué, y entonces nos desviamos y terminé naciendo en Pico», cuenta Joaquín, hijo del cordobés Sergio Lallana y de la pampeana Viviana Barbero, quienes al tiempo del nacimiento del «pequeño» bebé volvieron a Córdoba capital.

«Cuando era más chico viajaba siempre a Castex a visitar a mi familia, pero desde que empecé de lleno con el básquet se me hace más complicado porque en las vacaciones de verano nosotros estamos en plena temporada», cuenta el joven al referirse a sus familiares pampeanos, tanto en la ciudad de su mamá como en Santa Rosa, donde hoy vive su hermana.

El crecimiento.

«Mi papá mide 1,90 y mi mamá 1,80», señala Lallana para explicar su gran altura, que desde pequeño lo vinculó directamente con el básquet. «Cuando tenía 6 años empecé a jugar en Atenas, a los 12 años me fui al Centro Vecinal de Yofre Norte; a los 14 a Racing (de Córdoba) y después estuve un año en Hindú y volví a Racing», resume Joaquín sobre sus primeros pasos como basquetbolista.

Atenas volvió a golpear a su puerta, pero Racing -estaba en quiebra y manejado por un juez- pidió una cifra muy alta y no se pudo dar el regreso al Griego. Su decisión fue parar por dos años para obtener la libertad de acción, y finalmente en 2015 se sumó al multicampeón de la Liga Nacional, donde comenzó disputando la Liga de Desarrollo.

«Siempre fui alto», dice Joaquín, que igualmente pegó el gran estirón justamente en esos tiempos, en los que se sumó a diferentes planes de alto rendimiento de la Confederación Argentina de Básquet (CABB) y del propio Atenas, que buscaba proyectarlo a futuro y aprovechar su inusual altura.

Sus 2,16 metros lo llevaron al equipo principal, como ficha U23, y en la temporada 2016/17 tuvo su debut de la mano de Adrián Capelli en la LNB, donde luego tuvo algunos partidos pero no llegó a consolidarse.
Uno de sus principales obstáculos fue una rotura de ligamentos cruzados y meniscos de su rodilla izquierda, que lo obligaron a perderse prácticamente el resto de esa temporada. En la 2017/18, tras la recuperación, volvió a sumarse al plantel principal de Atenas, donde con Nicolás Casalánguida tuvo participación en 11 partidos de la máxima categoría de básquet nacional.

En la 2018/19 siguió con una participación secundaria en 17 partidos (promedió 2.1 puntos, 2.2 rebotes y 2.5 de valoración, en 8.5 minutos dentro del campo de juego), además de jugar la Liga de las Américas contra Paulistano de Brasil, Titanes de Colombia y Malvín de Uruguay.

Una nueva lesión (fascitis plantar) y la falta de continuidad en el Griego lo llevaron esta temporada a San Isidro de San Francisco, uno de los principales animadores de la Liga Argentina (ex TNA). «Me sentí cómodo, tuve más participación y sumé experiencia en un torneo que es muy lindo», asegura, al tiempo que se lamenta porque «con esto de la pandemia de coronavirus se cortó todo».

«Ahora ya se me terminó el préstamo y volví a Atenas, pero como ya ocupo ficha de mayor (cumplió 24 años en abril), para cuando vuelva la actividad voy a ser jugador libre», aclara el nacido en La Pampa. Y sobre su futuro reflexiona: «Todavía no tengo nada seguro, está todo muy complicado. Me gustaría volver a la Liga Nacional, pero lo principal es jugar y tener minutos».

Un sueño gigante.

Con sus 2,16 metros, el pampeano Lallana se convirtió en el tercer basquetbolista argentino de más altura en jugar en la Liga Nacional en toda la historia, luego de Jorge «Gigante» González (2,31) y Fernando Varas (2,20). Hubo otro jugador argentino de 2,20 (Sergio Gómez), pero no llegó a la máxima categoría.

En tanto que si se suman los extranjeros, Lallana queda en el cuarto lugar de los más altos de la LNB, debido a que se mete en el podio el estadounidense Glen Sudhop (2,18).

«Sí, sé que soy uno de los más altos en jugar en la Liga Nacional en toda la historia», dice al referirse a su particular estadística, al tiempo que habla de sus anhelos y de la necesidad de consolidarse para lograrlos. «Mi sueño siempre fue llegar a la Selección, pero para eso tengo que afianzarme primero en la categoría», agrega el pivot, más atlético pero con menos peso que los jugadores de su talla. «No hay gente tan alta que se mueva rápido. Me ganan en el peso, pero trato de suplirlo con velocidad», cierra.

El consejero.

Durante su última etapa en Atenas, en ocasión de una serie de entrenamientos en el Cenard de Capital Federal, Joaquín Lallana fue aconsejado nada menos que por Luis Scola.

«Fue una experiencia increíble. Más allá de que me hubiera gustado poder entrenar con él, fue maravilloso conocer a uno de mis ídolos del básquet. Hablamos un buen rato y me contó cómo juegan los pivotes en otras ligas y en qué aspectos de mi juego me tengo concentrar y mejorar», dijo en su momento el pampeano tras su encuentro con el Gran Capitán.

 

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