Día del natalicio de Juan Carlos Bustriazo Ortíz, el gran poeta pampeano

3 de Diciembre de 1929 – Nace Juan Carlos Bustriazo Ortiz, en la Ciudad de Santa Rosa, Capital de la Provincia de La Pampa. Poeta.

A la edad de diecinueve años, se desempeñó como radiotelegrafista de la policía provincial. Debido a esto, realizó varios viajes por el oeste de la provincia, casi en simultáneo con la construcción en Mendoza del dique Los Nihuiles, que dejó sin agua la cuenca del río Salado-Chadileuvú. De aquellas tierras de silencios profundos e inmensidades quedó como herencia una obra de una intensidad poco común, árida y conmovedora como el desierto.

Cuando regresó a su ciudad natal, comenzó a trabajar de corrector y linotipista en el diario La Arena. Allí forjó madrugadas inolvidables junto a creadores fundamentales de la cultura pampeana, como Julio Domínguez «El Bardino», Délfor Sombra y Edgar Morisoli, entre otros. Siempre con la complicidad de un maletín cargado de escritos, peñas inolvidables como el «Temple del diablo» y un personalísimo vaso para beber vino -con una costra tinta en su borde- que se convirtió en una virtual extensión de su cuerpo.

Considerado el poeta más importante de La Pampa, Bustriazo construyó una obra que supera los ochenta títulos. Decenas de músicos, además, le sumaron melodías a sus escritos, piezas fundamentales del cancionero folclórico de la provincia. Enredada en litigios luego de etapas de alcoholismo e internación psiquiátrica, hasta ahora apenas vieron la luz seis libros: “Elegías de la Piedra que Canta” (1969), “Aura del estilo” (1970), “Unca Bermeja” (1984), “Los Poemas Puelches” y “Quetrales” (editados en conjunto en 1991) y “Libro del Ghenpín” (2004).

Injustamente limitada al ámbito local, su poética había traspasado en los últimos años las fronteras provinciales. Rodeado de un creciente reconocimiento, pero con una pensión del gobierno de La Pampa como único sustento, Bustriazo le hizo frente a la vejez y también a sus recuerdos, junto a la férrea custodia de su mujer, Lidia Hernández. Quizás sin saberlo, ya convertido en leyenda.

Mucha de su vasta obra se encuentra sin publicar.

Poemas musicalizados: Agüita de Médano (Oscar García) – De Guatraché (Beto Urquiza) – De la calandria (Guillermo Mareque y Délfor Sombra) – Del conjuro (Guri Jáquez) – El adiós (Gerardo «Lalo» Molina) – Lulullen (Eulogio Fernández) – Niña del Cura-co (Guri Jáquez) – Paisano Vincen (Juan Neveu) – Poncho de siete colores (Guri Jáquez) – Se va la tarde morita (Guri Jáquez) – Soy de los ranchos (Guillermo Mareque), entre otras.

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