Se cumplen hoy, 142 años, del fallecimiento del cacique Manuel Baigorrita

16 de Julio de 1879 – Fallece Manuel Baigorrita, alcanzado por el disparo de un fusil del Ejército Nacional, en Neuquén. Cacique ranquel de la región de Poitahué, hijo del cacique Pichón-Guala y la cautiva Rita Castro (puntana de «El Morro»). Nieto del gran cacique Yanquetruz.

A la muerte de su padre, en razón de su corta edad, fue criado, junto con sus hermanas, por el coronel unitario Manuel Baigorria, por entonces refugiado entre los ranqueles, quien le dio su nombre y apellido.

En 1862, Baigorrita ya había asumido el cacicazgo de Poitahué, distante a unos 50 kilómetros de Leubucó, sede del cacique principal Mariano Rosas.

En Junio de 1865, a instancias de su padrino, firmó un tratado de paz con el presidente Bartolomé Mitre, a fin de pacificar la frontera sur de San Luis y Córdoba. Pero bien pronto, junto con el cacique Epumer, apoyó el accionar de las montoneras del interior (hermanos Sáa) en disconformidad con el gobierno de Buenos Aires.

Entre las primeras invasiones que promovió se cuenta por sus efectos devastadores el malón sobre Villa Mercedes (San Luis), en 1867; y sobre Villa La Paz (Mendoza), en 1868, donde fue saqueada la misma iglesia del pueblo.

El coronel Lucio V. Mansilla, en ocasión de la visita que hizo a sus toldos en Abril de 1870, firmó con él un tratado de paz y más tarde otro tratado de paz en 1872. El cual, a su vez, renovó el comandante de la frontera cordobesa, el coronel Julio A. Roca, en 1876. Desde la muerte del cacique Mariano Rosas, en 1877, la autoridad de Baigorrita se acrecentó entre la indiada, adquiriendo mayor prestigio, sin llegar a superar la ejercida por el cacique Epumer, sucesor del primero.

Según el parecer del misionero franciscano Marcos Donati, a quien lo unían lazos de sincera amistad, Baigorrita por temperamento y crianza, era más propenso a aceptar el cristianismo que Mariano y los demás caciques ranquelinos, pudiéndose pensar que en caso de establecerse una misión en Leubucó accedería a recibir el bautismo.

A partir del año 1878 su historia se tiñe de oscuridad y tragedia, al punto que resulta difícil trazarla con exactitud. Ante el avance de las tropas nacionales desde Río Cuarto y Villa Mercedes, optó por eludir enfrentamientos abiertos, internándose en el monte con su gente, desde donde ejerció un permanente hostigamiento a fin de sorprender a las descubiertas despachadas en su búsqueda. No obstante todos los esfuerzos desplegados por los jefes militares del momento (Eduardo Racedo, Rudecindo Roca, Sócrates Anaya), nunca pudo ser hecho prisionero en territorio pampeano. Convirtiéndose así en la presa más codiciada de todas las batidas que pretendían alzarse con tal preciado trofeo de guerra. Antes que entregarse, prefirió emprender una penosa y desesperada retirada con rumbo suroeste, en dirección a la Cordillera, con secreta intención de pasar a Chile si así se lo aconsejaban las circunstancias.

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