Juicio por jurados: Alumnos de La Pampa participaron en un simulacro de único en el país

En medio de un debate arduo, tenso y confrontativo entre la fiscalía y la defensa, se desarrolló ayer a distancia el «1° Simulacro Federal de Juicio por Jurados» con la participación de estudiantes secundarios. La Pampa intervino a través del Colegio Tomás Mason, de Santa Rosa, a partir de una iniciativa del Superior Tribunal de Justicia.

En el simulacro, la Provincia cumplió el rol del Ministerio Público Fiscal; el Colegio San Alfonso de Salta el de la defensa, la Escuela 718 de Rada Tilly, Chubut, actuó como tribunal; y los alumnos del Joaquín V. González de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires dictaron el fallo del jurado popular.





La propuesta para organizarlo surgió del Consejo de la Magistratura de CABA y el Poder Judicial pampeano aceptó inmediatamente teniendo en cuenta que tiene un programa propio («Educación + Justicia») de características similares. Él fue como tal el único que intervino, ya que el resto de los distritos lo hizo por intermedio de sus Consejos de la Magistratura.

En la apertura, el fiscal Cristian Casais, que se desempeña en la temática de violencia familiar y de género, habló en representación de la Justicia provincial y destacó la importancia de esta iniciativa. «Esto suma para que, en algún momento, el juicio por jurado llegue a todo el país», remarcó.

También lo hicieron Alicia Caruso, una de las organizadoras y responsable del programa «La  Justicia y la Escuela», de Buenos Aires; Genoveva Ferrero, secretaria de Presupuesto y Administración del Poder Judicial porteño; Sergio Fabián Vittar, vicepresidente de la Magistratura salteña; y Enrique Maglione, presidente del Consejo de Chubut; y el coordinador técnico, Gonzalo Rúa.

Grooming.

En el simulacro se juzgó un caso de grooming. El imputado era Luciano, un profesor de matemáticas de 26 años; y la víctima Sofía, una menor de edad. De acuerdo a la acusación, el docente trabaja de tarde en un quiosco y diariamente –de acuerdo al testimonio de la dueña del locutorio– concurría al local entre las 15 y 16. Desde allí habría contactado a la niña, expresándole que era hermosa y pidiéndole fotos íntimas. Cuando ella se negó a mandarle imágenes sin ropas, él la amenazó con viralizar las fotos y secuestrar a su hermana menor.

Los estudiantes de sexto año del Tomás Mason que protagonizaron esta experiencia inédita fueron Luana Marenchino, Florencia Estape y Simón Sapegno, en el papel de fiscales; Milagros Olguín, como víctima; Morena Peralta, como asesora pedagógica; Luciano Falkestein, como perito; y Martina Schneider, Naiara Machado y Fernanda Arosteguichar.

Entre las pruebas que ofreció el Ministerio Público Fiscal pudo verse el relato de Sofía, en Cámara Gesell, frente a la asesora pedagógica; una copia de los chats entre víctima y victimario, con sus respectivos horarios; el testimonio del perito afirmando que las conversaciones se dieron desde una computadora del locutorio; y las declaraciones de la mamá de la menor, la propietaria del comercio y la docente a la que Sofía le contó por primera vez lo que le había pasado.

El grupo estuvo acompañado por la profesora Celia Jacob y la abogada Vanessa Ranocchia Ongaro, quien previamente, y durante varias semanas, capacitó a los alumnos sobre cómo es el trabajo de los fiscales y las fiscales durante un juicio. Los jóvenes fueron felicitados por ambas por su desenvolvimiento en los distintos papeles que les tocó.  

El alegato final estuvo a cargo de Marenchino, quien subrayó que Sofía sintió miedo porque Luciano «la amenazó con viralizar las fotos y, además, secuestrar a su hermanita». Agregó que el perito informático confirmó que los mensajes se enviaron «desde el locutorio, de 15 a 17, según declaró la dueña del lugar», por lo que afirmó que el imputado mintió sobre su desconocimiento tecnológico (él y los testigos de la defensa aseguraron en todo momento que no sabía cómo se manejan las redes sociales).

Más adelante, la fiscala sostuvo que dos de esos testigos –el propietario del quiosco y un docente– participaron del debate «no para decir la verdad, sino para defender a Luciano», quien había dado clases en el establecimiento donde concurría Sofía.

«La declaración de Luciano fue falaz. Es un hombre de 26 años, que vive en un área urbana –donde se requiere el uso de la tecnología para comunicarse– , es profesor de matemáticas y dice que usa un celular viejo, cuando ya no existen… cuando todo el mundo usa smartphones y él no…», inquirió la alumna pampeana. Por todo ello, y frente a una conducta que calificó de «inmoral y lesiva», pidió una pena de tres años y seis meses de prisión de cumplimiento efectivo como autor del delito de grooming.

El final del simulacro llegó con sorpresa. Hubo un paréntesis para que el jurado popular fuera a deliberar. Cuando regresó y se anunció el veredicto, la primera palabra que se escuchó fue…culpable; pero inmediatamente se escuchó la corrección: no culpable.​

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