Es argentino, vivió en Ucrania y conoció de cerca la guerra: «Si se mete EE.UU, presionaría a Rusia para que avance más»

En 2014 estalló en Ucrania una guerra que dura hasta la actualidad. Se trata del último conflicto activo en Europa en el cual están involucradas las principales potencias del mundo, en forma indirecta. O al menos así lo era hasta ahora. Este lunes, el presidente ruso, Vladimir Putin, reconoció la independencia de dos regiones separatistas y ordenó el envío de tropas elevando el nivel de tensión con la OTAN y Washington. Ignacio Hutin, periodista y experto en Europa Oriental, quien vivió en el territorio durante cinco meses, habló con Ámbito para echar luz sobre el conflicto. “Una guerra entre Rusia y EEUU no se dio ni en la guerra fría, quiero creer que no va a pasar ahora”, afirmó.

La crisis que estalló en territorio ucraniano hace ocho años a partir del golpe de Estado al presidente Víctor Yanukovick, tuvo como correlato la anexión de Crimea por parte de Rusia mediante una invasión y poco después la proclamación de autonomía de las regiones de las autodenominadas República Popular de Donetsk y República Popular de Luganks, en el Donbass, la cuenca ubicada al sudeste de Ucrania donde viven cerca de cuatro millones de personas.





Habitadas en su mayoría por ucranianos rusoparlantes, ambas repúblicas, que actualmente ocupan el centro del conflicto entre Rusia, Ucrania y la OTAN, son el reflejo de una disputa étnica histórica que en las últimas décadas tomó mayor fuerza a raíz del resurgimiento de sectores nacionalistas de ultraderecha y neonazis en el oeste, y de movimientos prorusos en el este, que empujaron la crisis hasta un punto de no retorno.

Ignacio Hutin, magíster en Relaciones Internacionales y licenciado en Periodismo, se encontraba en un viaje de varios meses por Europa cuando en 2017 tomó la decisión de ir a Ucrania para conocer de cerca el conflicto iniciado hacia algunos años. Si bien los acuerdos de Minsk, firmados en 2014 y 2015, habían impuesto un alto el fuego a las partes y el conflicto había desaparecido del mapa mediático, necesitaba conocer de cerca qué ocurría allí.

Fue entonces cuando partió hacia Kiev y dio comienzo a un viaje que duraría cinco meses, en el cual tomaría contacto ambas partes de cada lado de la línea, y que finalmente terminaría plasmado en dos libros: “Ucrania. Crónica desde el frente” y “Ucrania/Donbass. Una renovada Guerra Fría”.

En diálogo con este medio, el experto en Europa Oriental brindó su mirada sobre el anuncio de Putin, el rol de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), las potencias occidentales, la posición de China y los efectos que podría tener una escalada bélica para Argentina.

Periodista: Ayer Vladimir Putin anunció que reconocerá la independencia de Donetks y Luganks y anuncio el envió de tropas, ¿Qué implica esto y cuál es la situación actual?

Ignacio Hutin: El primer punto es que desaparecen los acuerdos de Minsk que se firmaron en septiembre de 2014 y febrero de 2015 para terminar con la guerra en Ucrania hoy por hoy ya no existen. Lo que dice Putin, y considero que tiene razón, es que los acuerdos de alguna forma nacieron muerto porque Ucrania, pese a que Petro Poroshenko (NdR: expresidente de Ucrania) los firmó, nunca los quiso aplicar. De hecho (Volodímir) Zelenski dijo que les parecía que eran mediocres. Me parece un error porque con ellos Ucrania no quedaba mal parada y además nadie le puso una pistola en la cabeza a Poroshenko para firmar. Los acuerdos nunca se cumplieron y lo que dice Putin es que si Ucrania se negó a cumplirlos es porque quiere seguir con la guerra y atacar a las poblaciones étnicamente rusas.

P.: Respecto al discurso en sí y al posicionamiento de Putin, ¿Qué análisis puede hacerse?

I.H.: Putin habló de genocidio. Dijo que en el Donbass hay un genocidio, algo que es ridículo. Sí puede haber xenofobia, racismo y discriminación, sin ninguna duda, pero de ninguna forma hay un genocidio. El tema de Ucrania y la OTAN es una excusa. El punto central es un replanteo y reestructuración de las políticas de seguridad y defensa europeas. Obviamente estas políticas se plantearon en los 90, una vez que se terminó la guerra fría y se disolvió la Unión Soviética. En ese momento, la Rusia de Boris Yeltsin era extremadamente débil. La Rusia de hoy es muy distinta y puede reclamar y demandar cambios. Lo que estamos viendo tiene que ver con eso y con posicionarse ante la OTAN y particularmente frente a EEUU, el único interlocutor que les interesa.

P.: ¿Crees que puede ocurrir un avance sobre la totalidad del territorio ucraniano para evitar la influencia de la OTAN?

I.H.: La pregunta que debemos hacernos en primer lugar es qué reconoció Rusia. Las repúblicas populares no controlan la totalidad del territorio de las provincias originales. Controlan poco menos de la mitad. Esa era la duda hasta ahora, pero hoy Putin hizo una conferencia de prensa y dijo que reconocía como territorio de esos países a la totalidad de la provincia, con lo cual de alguna forma está abalando avances. De hecho, hay una ciudad muy importante de Donetsk, Mariúpol, controlada por el gobierno ucraniano que es un puerto muy importante. Si las fuerzas separatistas siguen avanzando hacia Mariúpol sería muy peligroso.

P.: La OTAN aún no hizo ningún movimiento, más allá de las sanciones de los países que la integran. ¿Qué se puede esperar?

I.H.: Por ahora la OTAN se está limitando a imponer sanciones. Ojala siguiera así y no se involucre para que no haya una guerra abierta. Quiero creer que no va a pasar, pero no se sabe.

P.: En tus libros hablas sobre la influencia de los grupos neonazis y de los paramilitares en el conflicto, ¿Qué lugar ocupan actualmente?

I.H.: Son factores muy importante. Ucrania tiene una gran cantidad de grupos paramilitares, que tienen sus propias armas y financiamiento, y son autónomos. Más allá de lo que diga el presidente, si estos grupos deciden avanzar, anda a pararlos. En general son grupos de extremaderecha. El más famoso que es abiertamente neonazi hoy por hoy no es paramilitar porque se incorporó a un paralelo de la Gendarmería Argentina. Pero el grupo más grande, que sigue siendo autónomo, es Práviy sector (NdR: Sector Derecho), que tiene más de 10.000 soldados y es de extremaderecha, más allá de que no sea abiertamente neonazi.

P.: ¿Y le asignas un papel importante a estos grupos o hay otros aspectos más relevantes a analizar a la hora de hablar de la guerra civil?

I.H.: Hay un factor muy importante a los dos lados de la línea de contacto que es la propaganda. Desde Ucrania se la pasan diciendo que los del este son todos terroristas, imbéciles y esbirros de Putin. Y del otro lado se la pasan diciendo que los ucranianos son todos nazis que van a ir a matar gente y a hacer un genocidio, como dijo Putin. Esa propaganda prende porque hay una necesidad.

P.: ¿Qué cambió respecto al momento en que estuviste allí?

I.H.: Desde 2015 el conflicto se estancó y no hubo demasiados avances ni enfrentamientos. En ese momento, el conflicto era una cosa lejana y para lo único que servía era para hablar de Rusia. De hecho en el centro de Kiev vendía papel higiénico con la cara de Putin. Todavía mantengo contacto con quienes conocí en el viaje y toda la gente del Donbass con la que hablé en las últimas horas están muy felices y salieron a festejar por el anuncio de Putin.

P.: Cuando hablabas de necesidad, ¿hablas de la pobreza que atraviesa el país?

I.H.: Sí. Ucrania es uno de los más pobres de Europa. Año a año compite con Moldavia por ver cuál es el más pobre en términos de PBI per cápita, y cuando las cosas no andan bien se encuentra un chivo expiatorio, alguien a quien culpar. Ha pasado en todas las sociedades. Si no son los inmigrantes son los negros, sino son los negros son los judíos u otro grupo social. Siempre es alguien y en este caso se empezó a echar la culpa a los rusos. Más aun cuando tenes tanta propaganda. La reivindicación de los grupos nacionalistas que durante la Segunda Guerra Mundial lucharon del lado nazi es parte de esa propaganda.

P.: ¿Cuál es el principal sustento de ambas regiones?

I.H.: En principio, entre lo más importantes está en los aportes rusos. Más allá de eso, es una zona de mucha industria, principalmente pesada, con metalurgia y maquinaria para minería. Además una exportación muy importante en esta zona es el carbón, que está entre los mejores del mundo y es parte de esta identidad de la región. El Shakhtar Donetks, el equipo más importante de allí, significa “Minero” por los mineros de carbón.

P.: Respecto al conflicto en sí, ¿Qué influencia tiene el gasoducto Nordstream2 en todo esto?

I.H.: Por Ucrania y Bielorussia pasan gasoductos ya construidos. El Nord Stream 2 del que tanto se habla es importante porque justamente esquiva ambos países y va por debajo del mar, con lo cual es mucho más barato, porque no hay que pagarle a estos países y va directo de la costa de Rusia a la costa de Alemania. Obviamente ganan Alemania, porque importa más barato, Rusia porque exporta más, y los que pierden son Ucrania, Bielorrusia y EEUU. El gasoducto se paraliza únicamente porque EEUU quiere. Por nada más. Está presionando hace muchísimo para que nunca funcione porque es competencia, porque EEUU quiere venderle gas a la Unión Europea, pero sabe que va a ser mucho más caro.

P.: ¿Y el presidente ucraniano Zelenski que rol juega?

I.H.: Es un tipo que no tiene ninguna experiencia. Antes de ser presidente, era actor y comediante. Aun así no es tan ingenuo como podría ser, considerando su falta de experiencia. Pero él llegó sin promesas, porque dijo que no iba a hacer ninguna para no decepcionar a nadie. Lo que sí dijo era que su compromiso era terminar con la guerra en el Donbass y que lo iba a recuperar junto con Crimea. Si no lo lograba su vida política estaba terminada y se iba a su casa. Obviamente no lo logro y aparentemente no lo va a lograr. Su idea era no dialogar con los separatistas sino hacerlo directamente con Moscú, porque para Ucrania fue Rusia la que ocupó el Donbass y las autoridades locales son irrelevantes. Pero obviamente eso tampoco se puede. Precisamente esta mañana se estuvo hablando de cortar relaciones diplomáticas.

P.: Más allá de que tiempo atrás distintos funcionarios de EEUU desestimaron la posibilidad de que Washington se involucre con tropas, ¿crees que eso podría cambiar ahora?

I.H.: Quiero creer que no. Sería raro. Si se mete EEUU, estaría presionando a Rusia para que avance más. Una guerra entre Rusia y EEUU no pasó en la guerra fría, quiero creer que no va a pasar ahora. Creo que vamos camino a un estancamiento del conflicto, al menos en materia bélica. Quiero creer que va a pasar por el lado de sanciones.

P.: ¿Qué impacto pueden tener en las sanciones a las regiones?

I.H.: Las regiones ya están bloqueadas económicamente desde 2014. No se puede imponer nada porque están fuera del sistema. Por ejemplo, no se puede hacer transferencias desde bancos en Kiev a bancos en Donetsk. No existe eso, porque están fuera del sistema. Sí tienen su sistema bancario, que de hecho permite hacer transferencias con Rusia pero no con Ucrania. Están completamente aislados.

P.: ¿Y a Rusia?

I.H.: Habría que ver a qué sectores se aplicarían las sanciones. Todavía no están confirmadas. Alemania paralizó el Nord Stream 2 por presión de EEUU. Lo cierto es que Alemania necesita ese gas y en algún momento le van a levantar las sanciones. Lo que sí ocurre es que podrían afectar a la economía de Rusia, que dicho de paso está en una situación endeble, con una inflación importante en términos europeos. A quienes pueden afectar es a los oligarcas.

P.: ¿A los cercanos al gobierno?

I.H.: A todos los oligarcas. Si congelan los activos de ciudadanos rusos en Francia y Gran Bretaña, a los tipos que son megamillonarios que tienen sus mansiones en la costa francesa, qué van a hacer. Los va a afectar.

P.: Volviendo a Rusia, ¿crees que las sanciones pueden dar vuelta la decisión de Putin?

I.H.: Creo que no van a cambiar el rumbo político de Rusia, porque en general no ocurre eso y el ejemplo es Cuba, que tiene décadas con la misma lógica por más sanciones que le metan. Además Rusia ya tiene sanciones. Ahora, si efectivamente se imponen las medidas sin precedentes sobre la economía rusa y la destrozan, lo único que van a lograr es que Moscú se de vuelta y termine cada vez más cerca de China, cosa que no le conviene a EEUU y a la UE.

P.: Y China está acercando posiciones…

I.H.: Cuando se reunión Xi Jinping con Putin, al día siguiente de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, China dejó en claro su apoyo a Rusia y dijo que la OTAN no tiene ningún motivo para expandirse hacia el este, que debería retroceder y que Moscú tiene razón. Y dicho sea de paso, creo que tiene razón, que el reclamo ruso es totalmente valido. La expansión de la OTAN no tiene ningún sentido y es lógico que Rusia lo interprete como una amenaza.

P.: Consideras que la OTAN aún interpreta el mundo en base a la guerra fría?

I.H.: La OTAN es una organización defensiva, que nació frente al pacto de Varsovia en el marco de la guerra fría. Sin pacto de Varsovia y sin guerra fría, de quién te defendes. Por un lado siguen con una lógica de los 60´-70´ de ver al otro como un enemigo, pero también con una mirada de los 90´, cuando sin guerra fría ni URSS se rompió el esquema bipolar y apareció un sistema unipolar donde EEUU mandaba y el mundo obedecía. Pero ese mundo no existe más. Ya no existe la lógica de “soy EEUU y te impongo lo que quiero” porque pasan estas cosas.

P.: Respecto a la influencia que esto puede tener en nuestra región, ¿crees que una escalada mayor en Ucrania puede tener algún tipo de impacto en la economía argentina?

I.H.: Sí, absolutamente, porque Ucrania es un gran exportador de productos agrícolas como el trigo, con lo cual el conflicto llevaría a un aumento mayor de los precios. Es algo que beneficiaría a algunos productores argentinos, pero perjudicaría a la mayoría de ciudadanos que compramos pan y alimentos. Y también habrá un aumento del precio de los hidrocarburos.

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