Veintinueve mujeres y el sueño de emancipación que se concretó hace 70 años (*)

Amas de casa, maestras, enfermeras, empleadas de comercio. Mujeres. Veintinueve mujeres que el 25 de abril de 1952 juraron como diputadas y senadoras. Mujeres que por primera vez en la historia argentina habían sido electas para formar parte, en igualdad de condiciones que los varones, del Congreso de la Nación.

Las bancas que ocuparon no estaban vacías ni se hicieron solas. Fueron parte de la lucha que desde principios de siglo encarnaron mujeres y organizaciones sociales y políticas, pero que con la llegada del peronismo al poder adquirió una dimensión inédita, incluso épica.





Habían pasado casi cinco años de la sanción de la ley 13.010, que con el impulso de Eva Perón estableció la igualdad entre varones y mujeres tanto para elegir como para ser elegidos. El voto secreto y obligatorio instaurado en 1912 para todos los hombres mayores de 18 años, se universalizaba. También la representación política.

El acceso de las mujeres a la representación institucional se produjo en un contexto de ampliación de derechos. Así lo observa la historiadora Julia Rosemberg, quien consultada por Télam sostuvo que “Eva Perón, y el peronismo todo, tenían una fuerte convicción sobre la necesidad de equiparar derechos”.

“Hay una ampliación de derechos y una búsqueda de la igualdad no sólo respecto a las mujeres -señala Rosemberg- sino de todos los sectores sociales que hasta ese momento habían sido marginados de la política argentina”.

En las elecciones presidenciales y legislativas de 1951 un total de 133 mujeres resultaron electas en distintas instancias de representación. Se inauguraba una era que, con avances y reprocesos, promovía la igualdad de género y que se exitende hasta nuestros días.  

ELEGIR Y SER ELEGIDAS

“Los años 40 y 50, cuando Eva Perón impulsa el protagonismo político de las mujeres, es un período previo a la llamada Segunda Ola, anterior a la píldora anticonceptiva, a la minifalda, y donde el rol preponderante de la mujer es estar en el hogar, como madre y ama de casa. Es en ese contexo en que se da la fenomenal experiencia política del año 52”, relata la historiadora y autora de “Eva y las mujeres. Historia de una irreverencia” (2019).

Es que hasta 1951 las mujeres argentinas solo habían votado en las elecciones provinciales de San Juan, celebradas en 1934, donde además se eligió a la primera legisladora provincial de América Latina: Emar Acosta. Este antecedente fundamental no alcanza para ocultar la resistencia a la participación política de las mujeres.

La propia Eva Perón se puso al frente de la pelea contra propios y extraños para vencer la segregación: “Debimos afrontar la calumnia, la injuria, la infamia. Nuestros eternos enemigos, los enemigos del pueblo y de sus reivindicaciones, pusieron en juego todos los resortes de la oligarquía para impedir el triunfo”.

“Desde un sector de la prensa al servicio de intereses antiargentinos, se ignoró a esta legión que me acompaña; desde un minúsculo sector del Parlamento, se intentó postergar la sansión de esta ley”, repasó el 23 de septiembre de 1947, durante un acto organizado en Plaza de Mayo para darle un marco popular a la promulgación de la ley.

Es que Eva Perón conocía la resistencia que la equiparación derechos generaba. La  “ley Evita” había sido aprobada por el Senado el 21 de agosto de 1946, pero Diputados la convalidó recién el 9 de septiembre del año siguiente.

“El otro paso fundamental fue la creación, en 1949, del Partido Peronista Femenino”, asegura Rosemberg, quien participó junto a Isela Mo Amavet de “Parlamentarias. La voz de las primeras legisladoras en el Congreso de la Nación”, un estudio de la Biblioteca del Congreso que intenta recuperar la historia de las 29 pioneras y de su labor legislativa.

NADA NOS ES AJENO

El 11 de noviembre de 1951 Juan Domingo Perón es reelegido con más del 60% de los votos. Ese mismo día las mujeres votan y son elegidas por primera vez. Eva Perón, ya enferma, disfruta el triunfo por partida doble: todas las candidatas peronistas acceden a sus bancas. Sus lugares en las listas no eran testimoniales, algo que anticipaba su protagonismo.

“Las mujeres se sumaron a muchas comisiones, no sólo a aquellas de temas considerados ‘femeninos’; hubo mujeres discutiendo en igualdad de condiciones con los hombres cosas que hasta ese entonces se consideraba que no podían manejar. Esto habla de cómo fue su incorporación a la vida política”, destaca Rosemberg.

Las flamantes legisladoras se incorporaron a comisiones tan diversas como Presupuesto y Hacienda, Asuntos Exteriores y Culto o Industria y Comercio. Incluso presidieron algunas de ellas. La senadora Hilda Castañeira fue titular de la Comisión de Trabajo, Previsión Social y Peticiones.

A partir de 1953 la diputada Delia Parodi fue nombrada vicepresidenta primera de la Cámara de Diputados, convirtiéndose en una de las primeras mujeres del mundo en ocupar un cargo de ese rango. Al año siguiente, la senadora Ilda Leonor Pineda de Molins ocupó la vicepresidencia segunda de la misma Cámara.

Rosenberg advierte sin embargo que “se sabe poco del trabajo parlamentario en sí, pero lo que se puede observar a través de sus discursos, es que se incorporaron a la labor legislativa al mismo tiempo que debían convivir con la enfermedad y muerte de su conductora política, ya que Eva Perón fallecería el 26 de julio de 1952”.

Y agrega: “A partir de 1953 se observa una suerte de aprendizaje del trabajo parlamentario. Presentan ellas mismas proyectos de ley, discuten con otros diputados y senadores, etc. Se fueron soltando y aprendiendo con el correr de los años”.

AGENDA PROPIA

Las flamantes legisladoras no se contentaban con discutir de igual a igual con sus pares varones sino que impulsan una agenda propia. Rosemberg señana que Delia Parodi hizo un trabajo muy interesante en este sentido. “Ella presenta el Régimen de Trabajo y de Previsión Social para el Personal de Casas de Familia para reglamentar, por primera vez en la historia argentina, las tareas de cuidado o trabajo doméstico, como se decía entonces”.

“Incluso -agrega la historiadora- empieza su discurso diciendo que hay que discutir cómo se menciona ese trabajo. La ley, por supuesto, buscaba reglamentar horarios, tarifas, salarios, vacaciones, pero ella problematiza la denominación para poner en cuestión lo que los patrones hacían con las mujeres que trabajaban en sus casas”.

Otros proyectos de las nuevas legisladoras son los referidos a la igualdad de derechos para los hijos “naturales o ilegítimos” y al divorcio vincular. “A medida que fue creciendo el conflicto entre Perón y la Iglesia se presentaron una serie de proyectos que buscaban quitarle cuotas de poder a ésta, que actuaba como un agente político muy importante en la vida cotidiana”.

“Delia Parodi tiene un discurso genial cuando se discute el divorcio vincular. Ella argumenta que la separación ya es un hecho y que lo que no se estaba haciendo era reconocerlo, darle legalidad. Pensemos que con la llamada Revolución Libertadora toda la legislación de avanzada vuelva para atrás y el divorcio recién se vuelve a sancionar en 1987, casi cuarenta años después”, completa Rosemberg.

PERSECUCIÓN, REPRESIÓN Y RETROCESO

Con el Golpe de Estado de septiembre de 1955 la participación política de las mujeres comenzará un pronunciado declive. “El proceso que se incia con la incorporación de las mujeres al Congreso se va a interrumpir con la llamada Revolución Libertadora. Se van a necesitar muchos años para recuperar ese nivel de participación”, advierte la autora de “Eva y las mujeres”.

En 1955 había en la Cámara de Diputados 34 legisladoras mujeres (el número se había ampliado con la elección del año anterior), mientras que en el Senado había ocho, además de las cinco delegadas de los territorios nacionales. 

La presecusión desatada después del Golpe de Estado no se detuvo. “Gran parte de aquellas mujeres fue detenida, como María del Carmen Aguer, senadora por Chaco, que la liberan en el año 56  y cuando se produce el levantamiento de Valle la vuelven a meter presa estando embarazada. Y, cuando es liberada por segunda vez, tiene una vigilancia en la puerta de su casa que dura hasta el gobierno de Frondizi”, recuerda la investigadora.

Sus compañeras corrieron una suerte similar. “La mayoría de las legisladoras detenidas van a la cárcel de mujeres Humberto Primo, algunas están un par de meses, otras dos años. Para todas ellas va a haber una persecusión constante hasta el fin del gobierno de la Revolución Libertadora. Y muchas de ellas no van a poder ejercer su profesión previa. Hay sobre ellas un ensañamiento muy grande. Sobre el peronismo en general y sobre las mujeres del peronismo en particular”.

¿Pero que suscedió con aquellas pioneras? “Algunas de las legisladoras terminaran abandonando toda actvidad política pero otras no, ya que participarán de la Resistencia. Por ejemplo Juana Larrauri, a quien vamos a encontrar en los 70 integrando la comitiva que acompañará a Perón en su vuelta al país”.

“Hay un retroceso muy grande para las mujeres, en el marco de la prosripción que sufrirá el peronismo durante 18 años, entre dictaduras y semidemocracias. Son años de mucho estancamiento. Lo que sí ocurre es que otros partidos políticos empiezan a incorprar a las mujeres”, destaca Rosemberg.

Hasta el retorno pleno de la democracia en 1973 la participación política institucional de las mujeres no volverá a crecer. Sin embargo, el proceso de equiparación de derechos iniciados en 1952 resultará irreversible. Pero habrá que esperar a la ley de cupos de 1991, que obliga a los partidos políticos a que el 30% de sus listas estén integradas por mujeres, para que se supere el número que había en 1955. Esto ocurrirá recién a fines de la década del 90, más de 40 años después.

MODOS DE SER MUJER

La incorporación de las mujeres en la vida político-institucional estuvo acompañada, de modo más o menos evidente, por la discusión acerca de su papel en la política y, en términos más generales, en el ámbito social.

“Eva Perón va a proponer que las tareas que hoy llamamos de cuidado tienen que ser remuneradas. Eso está escrito en ‘La razón de mi vida’, escrito en el año 51”, asegura Rosemberg.

Y agrega: “Ella propone algo que empezamos a discutir 70 años después. Lo de Eva Perón, lo del Partido Peronista Femenino, es una ruptura muy profunda respecto a lo que en la época se creía que debían ser las mujeres”.

Ruptara que también alcanza al interior del feminismo y del movimiento de mujeres. “A quienes se interpelaba, a quienes se incorporaba a la vida política, son mujeres que nunca se habían sentido representadas, ni siquiera por los feminismos previos, ni por Victoria Ocampo, ni por Alicia Moreau de Justo”, asegura.

Sin embargo esto no estaba libre de tensiones, en una época donde pocos cuestinaban la cultura patriarcal. “Eva Perón era crítica de lo que ella llamaba el feminismo británico, que era el más radicalizados si se quiere, pero es cierto que también dice que necesitamos un feminismo moderno, por lo que es más complejo que intentar ponerle una etiqueta y encasillarla. Si nos guiamos por los hechos, por lo que propuso, significó una ruptura como no hubo antes ni después”.

“Eva dice a las militantes del Partido Peronista Femenino tienen que entregarlo todo en función de su vida pública y de su militancia. Ese ‘todo’ habla del hogar y de la vida privada. Incluso ella misma hacía eso. Una mujer que no fue madre y que prácticamente no tenía vida privada por dedicarse a la política y al trabajo. Desde ella misma habilitaba otros modos de ser mujer”.

UNA VOZ QUE NO DEJA DE CRECER

Un “modelo de mujer”, impuesto socialmente, entró en tensión a partir del empoderamiento promovido por Eva Perón en los años 40 y 50. Una discusión que en la Argentina no deja de actualizarse y que alcanzó un vigor inusitado en los últimos años.

“Desde que los feminismos se hicieron masivos, alrededor del año 2015, se está empezando a hablar de un feminismo popular, que tiene como gran antecedente la experiencia del Partido Peronista Femenino y la llegada al Congreso de la Nación de 29 mujeres en abril de 1952, ya que no es sólo una reinvindicación de las mujeres sino una incorporación a la política de las mujeres trabajadoras y de las mujeres humildes”, subraya Rosemberg.

A la hora de tender puentes entre ambos momentos, la historiadora explica que “Eva Perón habla de una doble explotación en la mujer, por ser trabajadora y por ser mujer. Esto vincula ese momento y el actual. La otra relación es la figura de Cristina Kirchner. Eva Perón fue la primera mujer en nuestro país en construir y disputar poder. Y volvemos a encontrar a una mujer que construye y disputa poder hoy en la figura de Cristina”.   

El 25 de abril de 1952 un puñado de mujeres ingresaba al Parlamento inaugurando una era que terminó por trascender la lucha por la igualdad de derechos en términos institucionales. Setenta años después, de lo que se trata, es de cómo vivir.

MUJERES DE PUEBLO

La procedencia socio-cultural y la identidad política de las 29 legisladoras que asumieron sus bancas en abril de 1952 significó una ampliacion en la base de lo que hasta entonces era el movimiento de mujeres.

“Hay un trabajo pendiente de reconstruir la historia de estas legisladoras. De algunas de ellas, como Delia Parodi, Ana Macri o Juana Larrauri, que tuvieron mayor visibilidad, se sabe un poco más. Pero de la gran mayoría no conocemos mucho”, advierte la historiadora Julia Rosenberg, quien participó de un trabajo sobre las pioneras realizado por la Biblioteca del Congreso.

“Sabemos que la mayoría eran docentes, trabajadoras de comercio, enfermeras, amas de casa. También que no pertenecían al mismo universo que aquellas mujeres que durante la primera mitad de siglo XX formaron parte de las agrupaciones feministas, que en general (salvo la vertiente anarquista) eran universitarias, pertenecían a una cultura letrada y, de alguna manera, a la elite”, detalla.

“Como le gustaba llamarlas a Eva Perón, eran mujeres de pueblo. En su gran mayoría eran trabajadoras o amas de casa que, en general, no tenían un recorrido político previo sino que habían empezado su actividad política dentro del peronismo. Muchas de ellas, incluso, provenían de los que se llamaba trabajo social, con Eva Perón”.

Esto le da una nueva riqueza al movimiento de mujeres de aquel entonces. Rosemberg considera que se trató de “una ruptura muy grande”, ya que “Eva Perón no solamente genera algo inédito al incorporarlas como representantes políticas sino que además genera un quiebre dentro del movimiento de mujeres respecto de la pertenecia de clase. Ella pensaba el género entramado con la cuestión de clase”.

Es que Eva Perón “va a tener como interlocutoras predilectas a las mujeres trabajadoras, a las que va a ver enfrentadas a las mujeres de la oligarquía. Esto se ve en los discursos de las propias legisladoras en el Congreso, que lo van a tomar como bandera”. 

(*) Por Daniel Giarone (Télam)

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