La escritora pampeana Adriana Lis Maggio presentó en Buenos Aires la segunda edición de «El manualito del amor», un libro de micro-poemas que cuenta con edición, prólogo y traducción al chino mandarín de su hija, Lucía Fernández.
El evento se realizó -el viernes- en el Polo Cultural Saldías, un espacio artístico recuperado en 2008 por el músico Luis Alberto Spinetta, que sirvió de marco ideal para charlar en un ambiente distendido e intimista sobre la imperiosa necesidad de «militar el amor».
«Fue un lindo encuentro, en el Polo Cultural Saldías. La idea fue compartir una charla en un espacio diferente y un público diferente, con esta idea de que el amor sirve si circula», señaló Maggio.
«Hablamos de esta enorme necesidad que tenemos de valorizar y multiplicar este sentimiento, en un momento de complejidad tan fuerte por lo que ocurre no solo en nuestro país, sino en todo el mundo. Estamos atravesando una crisis de tolerancia y de relaciones, y no viene mal volver, en este caso, a hacer versos que vinculan con un juego, porque mi literatura está ligada con los niños y tiene esa picardía e inocencia, pero a la vez la crudeza de repasar lo que implica todos los tipos de amor», agregó.
UNA IDEA EN PANDEMIA
Las páginas del libro de Maggio rescatan las muestras de amor de las pequeñas vivencias cotidianas. Hablan del amor como presencia, como entrega, como afecto. De un amor que construye desde el encuentro.
La idea de publicar «El manualito del amor» surgió en plena pandemia, cuando Maggio y Fernández rescataron un puñado de poemas escritos en 2014 y 2015. «La primera edición se vendió rápidamente y la recaudación la compartimos con merenderos de Santa Rosa y así surgió hacer esta segunda edición», contó la Maggio.
Durante la presentación, la escritora recordó los calurosos veranos de su infancia, cuando viajaba en tren desde su Anguil natal hasta Vértiz, para visitar la casa de sus abuelos. En aquellas interminables siestas en el pueblo, la pequeña Maggio jugaba a crear «mundos mágicos» decorando los árboles del monte con los papeles dorados que envolvían los cigarrillos que fumaba su abuelo. Aquel juego inocente no era otra cosa que un «gesto de amor», un intento por «dejar algo lindo y luminoso» a los niños y niñas que iban a jugar al monte. Sin duda, el mismo objetivo que hoy persigue «El manualito del amor».