Los principales analistas de mercado se sorprendieron por los 1.850 millones de dólares de liquidación de divisas que fluyeron en enero del sector agrario. El gobierno sigue comprando dólares baratos y el FMI aplaude…Los dólares llegaron de la venta de trigo-cebada-maíz-soja; aunque el ranking de ventas, lo encabeza claramente el trigo.
Éste tuvo una gran cosecha en el 2025/26, se recolectaron casi 28 millones de toneladas; y en diciembre, enero y lo que va de febrero, se vendió casi el 50 por ciento del saldo exportable. Los pronósticos para la soja y el maíz de la próxima cosecha son sombríos, falta agua y la seca ya pegó fuerte en los rindes. Se los digo de primera mano.
Un dato llamativo es que después de 30 años volvimos a venderle trigo a China. Según el experimentado analista Pablo Andreani, ya se cargaron 3 barcos que suman un total de 160.000 toneladas y se estima que van a llegar a las 200.000 ¡Sí! China, que queda lejísimo, con costos de fletes altos; y además es el enemigo público número uno de la entente Trump-Milei. La información se completa con que la empresa que los cargó fue la estatal (china) Cofco.
¿Y por qué se pudo hacer este negocio con China? El mismo consultor lo dice: “El trigo argentino es el más barato del mundo” ¡Miren si será barato nuestro trigo!, que se banca la navegación que nos impuso el neoliberalismo menemista. Observen: se cargó en Timbúes (Santa Fe), fue (por Punta Indio) a Montevideo (Uruguay), de ahí, volvió a completar cargas a Quequén (Bs. As.), y recién después partió para China. Un delirio logístico diseñado para el saqueo, que nos cuesta varios centenares de millones de dólares, que pagan productores y consumidores, para que los exportadores sean felices y puedan hacer sus fechorías fiscales tranquilos ¡Definime cipayo!
¿Y por qué el trigo argentino está tan barato?
Por una combinación de factores. Primero, porque el precio internacional está por el suelo, es de alrededor de 190 dólares la tonelada, muy lejos de sus mejores guarismos. Segundo, porque tenemos un dólar regalado, para desgracia de nuestros productores, que además de los bajos precios, sufren una inflación en dólares de los insumos.. ¡Y todos, pero todos, los que se hacían los guapos con los gobiernos populares, mientras se llenaban de guita, hoy están callados la boca! La Mesa de Enlace, las entidades gremiales de todo tipo, hasta el PJ, están mudos (¿dónde está el PJ?), nadie habla.
Las promocionadas cadenas agrobioindustriales, demostraron que no son más que una trampa caza bobo para defender los intereses de los grandes grupos económicos ¿Libre mercado, derrame? ¡las pelotas! La fortaleza de una cadena se mide por el eslabón más débil, y acá es el pequeño y mediano productor genuino, el que está desapareciendo aceleradamente. Al que encima le han hecho creer que con la libertad de mercado se le van a resolver-mágicamente- todos los problemas.
Ahora bien ¿cómo puede ser que tengamos el trigo más barato del mundo y uno de los panes más caros del mundo ? Sepan que en el 2025 cerraron 16.000 panaderías y las que quedaron abiertas tienen el 40 por ciento de su capacidad ociosa. Se redujo el 50 por ciento del consumo de pan y el 85 por ciento de facturas en relación al año anterior, que ya venía con caída. La harina es un consumo social por excelencia, en Argentina estamos en los 100 kg per cápita, con lo cual su precio es vital para los sectores populares y es un dato político de primer orden.
Hay un componente en el precio de la comida que casi nadie pondera y es el rol de la logística. En ésto la producción de alimentos y los ejércitos se parecen mucho. Se puede tener la mejor milicia del mundo, con los mejores armamentos, pero si al frente no le llegan los pertrechos en tiempo y en forma, ¿de qué sirve el armamento?; con los alimentos es parecido. Podés producir el pimiento o la leche más barata y rica del mundo, pero si lo hacés a mil kilómetros de los centros de consumo, lo traés en camión y te lo comercializa un monopolio, se termina lo barato para el público ¡Es la logística, estúpido! En ese esquema, productores y consumidores, son los patos de la boda de ese desquicio de la cadena de suministros. Eso pasa en la Argentina de hoy; y también sucedió en el gobierno del inefable Alberto Fernández, quien acaba de descubrir que haber retrocedido con la expropiación de Vicentin fue un “gran acierto” de su parte. Sin palabras.
Alimentos baratos, no es sólo anclar el dólar o cómo financiar el déficit fiscal, es también discutir la logística del abastecimiento, cómo y dónde producir y la renta parasitaria de los dueños de la tierra. El 70 por ciento de la Argentina se siembra sobre tierras alquiladas, cuyo precio se pacta en quintales de soja. Si no liberamos a la economía argentina del yugo rentístico del suelo, vamos a seguir vendiendo trigo barato a China, yendo por el camino más largo y el pueblo argentino va a seguir pagando el pan y la carne más caros del mundo. Hay que sacarse de encima la mentalidad colonial, para que Argentina sea un país viable.
En la provincia de Santa Fe hay 34 terminales portuarias en los 70 kilómetros de costas que circunvalan Rosario. Por esos puertos se carga y descarga el 80 por ciento de las exportaciones e importaciones de toda la Argentina; según el ministro de obras públicas de Santa Fe, lo usan 14 provincias y desde ahí se cargó el trigo a China, del que hablábamos. Todas las mercancías, de todas las provincias, se transportan por el Canal Punta Indio, que es 150 km más largo, 50 metros más angosto y mucho más caro su dragado y mantenimiento. Lo venimos diciendo hasta el hartazgo: la superioridad logística del Magdalena, sobre el Punta Indio, es indiscutible. Ahora, ni Córdoba, ni La Pampa, ni ningúna provincia de las varias que embarcan trigo por Rosario, discuten y plantean la necesidad de hacer el Canal Magdalena, que reportaría un gran ahorro de fletes, tanto en importaciones como en exportaciones de varios centenares de millones de dólares; que obviamente pagan productores y consumidores. A no ser, que los gobernadores piensen que el sobre flete sale de los balances de Cargill o Syngenta.
El gobernador Pullaro endeudó a la provincia para mejorar los accesos a los puertos privados, en vez de cobrarles impuestos, éstos pagan “chauchas y palitos”, y encima opera a favor del canal Punta Indio.
El Magdalena, no es un tema menor, debe ser una causa nacional. Su construcción es para beneficio de todos los argentinos, para las 14 provincias que lo podrían utilizar cotidianamente, cargando y descargando mercancías en general, no sólo granos; y que hoy usan el Punta Indio, pagando un sobre costo innecesario. Santa Fe sería una de las mayores beneficiadas.
Hay que medir la economía con la vara del buen vivir de las mayorías populares, no con la de la financiarización de la economía exclusivamente. Ese es el metro que utiliza la derecha. No se puede evaluar lo agrario sólo por el volumen; ahí está el ejemplo del trigo, una cosecha récord, exportación récord, pan caro y logística disparatada; con gobernadores mirando el dedo, cuando le señalás la luna. Al volumen agrario hay que interrogarlo, no es lo mismo 28 millones de toneladas de trigo, hechas por 200.000 productores que por 1.000, o que se le agregue valor, a que se venda a granel.
Patria o colonia, no es sólo consigna, es pura realidad práctica
Si queremos una colonia, cuya única noción de soberanía, sea gorra, bandera y vincha para alentar a la selección, sigamos discutiendo que el Magdalena es un tema de los bonaerenses, que carne y pan tienen que ser caros, para que se liberen saldos exportables, digamos que la concentración de tierras y rentas es neutra y benigna para la economía, y la oligarquía terrateniente y el latifundio no existen. Siga el corso.
Ahora, si queremos un país en serio, la discusión es otra. Para lo cual, hay que empezar por restaurar la sobriedad y la seriedad en el debate político argentino. Tenemos que discernir cómo se mide correctamente el bienestar general y cuándo un país está bien. El déficit cero no es nuestra medida, la nuestra se construye a partir de que todos/as coman, se vistan, se curen y se eduquen. Ese es el primer acuerdo al que tiene que llegar el campo nacional y popular. Tener una unidad de medida propia, no usar más la del neoliberalismo. Y eso requiere entender y luchar por la libertad de CFK y todos los presos. Si no entendemos eso, no vamos a comprender, por qué los alimentos son caros hoy en Argentina, a quiénes hay que enfrentar para que sean accesibles y cuáles son las consecuencias de esas luchas. Oligarquía e imperialismo son dos palabras imprescindibles, certeras y modernas, para captar cabalmente este momento.
Sin la voz del pueblo peronista de Perón, cuyos más fieles intérpretes son Néstor y Cristina, el debate quedará tuerto. Seguramente habrá otras voces, más que respetables, que se expresen usando el envase y la retórica peronista, pero si la proscriben a Cristina, estarán faltando la voz y las ideas del auténtico peronismo, el de Perón y Evita. El que sacó a la Argentina de la crisis del 2001.
El peronismo es revolucionario y de izquierda, si no, es otra cosa.














