La noticia de la semana fue la presentación en la Justicia Electoral de un nuevo partido impulsado por el intendente de Santa Rosa, Luciano Di Nápoli, y que amenaza de usarlo en las próximas elecciones provinciales en 2027 si él no es elegido como candidato a gobernador o por lo menos no le dejan jugar la interna para el cargo en el Partido Justicialista.
Di Nápoli lanzó con Fuerza Pampa su plan B para la gobernación y mostró sus cartas: desde su decisión para ser el candidato hasta las limitaciones de su armado, que es el mismo que cuando intentó encarar la interna partidaria. Quiere ser sí o sí candidato a gobernador y asegurarse esta vez que por lo menos lo dejen competir por el cargo. La maniobra puede ser también una forma de presionar para un acuerdo, pero está claro que su intención no es renovar como intendente sino que va por algo más.
Luego del impacto periodístico y de los análisis posteriores con la novedad en caliente (se mencionó desde rupturas hasta fracturas en el peronismo), con el correr de los días se puede poner en perspectiva la jugada y también sus consecuencias.
Por un lado, la puesta en escena de Di Nápoli (a través de dos intendentes y funcionarios de su gestión) fue una muestra de la capacidad de daño que puede tener para el peronismo. Pero por otro, el silencio del resto del PJ muestra que es una maniobra que ya estaba prevista (Di Nápoli la fue avisando en sus reuniones con otros intendentes) y que si bien puede ser perjudicial para el oficialismo provincial en 2027, es también acotada.
Además, la polarización va a ser un hecho en los comicios de 2027 entre el peronismo y el gran frente con el que sueña la oposición, y no habrá mucho espacio para terceras fuerzas. Si Di Nápoli decidiera jugar con Fuerza Patria, podría menguar los votos del PJ que hoy están contados y no aseguran un triunfo. Pero no sería el tercero en discordia a nivel provincial.
Mientras tanto, la línea mayoritaria del peronismo, la Plural, hace silencio. Todavía no es tiempo de cerrar acuerdos, parecen decir quienes manejan los hilos. Tampoco quieren una interna. La hipótesis de este columnista es que más allá de los chisporroteos y las malas caras, los dos brazos de la Plural, con sus dos referencias, el gobernador Sergio Ziliotto, y el conductor Carlos Verna, cerrarán «por arriba» cualquier acuerdo. Las otras líneas también están en la misma línea de llegar a la unidad para fortalecer al PJ, si bien en algún caso pretenden que haya más discusión de los temas políticos.
Pero la puesta en escena de Di Nápoli también dejó espacio para otro análisis más generales: y es que todos los sectores, desde la mayoritaria Plural hasta el de Di Nápoli, están condicionados a un acuerdo (llámese consenso o interna) para afrontar de forma competitiva el 2027. Todos necesitan de los otros para buscar ganar las próximas elecciones, y no puede quedar ninguno afuera o «herido». No hay mucho margen para aventuras o enojos.
Y todos están condicionados porque Verna solo no puede imponer un candidato a dedo o solo con el poder de fuego de General Pico. Ziliotto tampoco puede forzar nada sin un acuerdo con Verna. Y si Verna y Ziliotto hacen un acuerdo, será conteniendo a las demás líneas. Todos tienen que acompañar, porque sino será difícil que el PJ retenga la gobernación. Y también Di Nápoli, más allá de sus ambiciones y voluntarismo, está condicionado. Va a tirar de la cuerda para conseguir que lo dejen jugar la interna, pero hasta para ser candidato a gobernador necesita después del respaldo del resto. Como el meme de los tres Spider Man, todos parecen apuntarse con todos en este escenario.
En el peronismo pampeano, como la frase que se escucha en varios ámbitos, lo único seguro es que en 2027 «nadie se salva solo».
(*) Por Norberto G. Asquini














