Caso Pinamar: cómo operan las apuestas ilegales en el tenis juvenil argentino

Juan Riquelme, organizador de los torneos M15 de Pinamar, cuenta en primera persona el drama de los apostadores en los torneos. Revela el accionar de la mafia y explica cómo combatirla.

Pinamar. Fines de marzo de 2019. Celulares por doquier, auriculares, intercomunicadores, cables, dispositivos electrónicos en cada rincón del Tennis Ranch de la ciudad. Intervención de la policía local y el pedido de las autoridades para que se identificaran y mostraran sus pasaportes los involucrados. Parece una escena de una película de espías que cobra vida, pero es simplemente un episodio más en el mundo de las apuestas ilegales, tanto en el circuito mundial como en el país.

A mediados del mes pasado comenzó la serie de 21 torneos M15 (se cancelaron tres durante abril), antes denominados Futures, que se disputan en la ciudad balnearia. Las mafias del juego ilegal operan en todo el mundo, incluyendo nuestras tierras, y han tenido contacto directo con jugadores argentinos, pero durante los dos primeros certámenes se vivieron hechos concretos, en un número sin precedentes.

Juan Riquelme, organizador del M15 Pinamar Tour, reveló que durante las dos primeras semanas expulsaron a cinco apostadores. “Yo personalmente saqué a un chileno, un italiano, dos eslovenos y una ucraniana. Estuve 1.45 horas con el comisario y subcomisario”, contó.

No fue sencillo eliminar el problema de los que vinieron a jugar en forma ilícita. Los organizadores, junto a miembros de seguridad privada, debieron ser contundentes en la solicitud para que dejaran el complejo hotelero. Incluso el apostador chileno junto con el italiano buscar dar un contragolpe y acusar de agresión a los organizadores ante la policía. “Es el reino del revés”, se quejó Riquelme, que luego explicó que todos se fueron a la brevedad de la ciudad.

“Si no hacíamos algo en los primeros torneos, a mitad de año íbamos a tener 50 o 60 apostadores ilegales dando vueltas”, auguró el máximo responsable del M15 Pinamar Tour. El temor, a partir de estas expulsiones, es que en futuras fechas del circuito empiecen a operar estas mafias a través de tenistas cooptados para arreglar partidos.

Estas situaciones no son infrecuentes en el mundo de los torneos de menores o los ex Futures, la primera escala profesional. El mecanismo de las apuestas ilegales tiene dos engranajes. Por un lado están quienes viajan por todo el mundo para jugar en forma no convencional, beneficiándose de un detalle tecnológico: el livescore, los resultados en vivo de los sitios web oficiales que tienen un delay de unos 10 segundos (algunos arriesgan que hasta 18) y permiten que los apostadores inviertan fuertes sumas de dinero sabiendo lo que ya ocurrió.

A su vez, existen personajes que se mueven en las tinieblas y se dedican a reclutar tenistas para arreglar partidos y favorecer a aquellos que, mediantes celulares y aplicaciones, están destinando su dinero al conocer el livescore. En su inmensa mayoría, son deportistas que atraviesan una fuerte necesidad económica y a los que les presentan la posibilidad de obtener una inalcanzable suma de dinero por convenir un resultado. Esto desnuda una falencia insoslayable para las autoridades de ITF, ATP y WTA, que al momento descuidan la forma de hacer más justo los repartos monetarios.

Ese mínimo contacto entre los nexos mafiosos y los tenistas, que en ocasiones se da con maletines arrebatados de dólares o euros, ya infringe una norma para la Unidad de Integridad del Tenis (TIU, sus siglas en inglés). Así, los buscadores de nuevos “socios deportivos” tienen en sus manos a los jugadores habida cuenta que, si se niegan a trabajar para ellos, serán denunciados ante las autoridades y se arriesgan a una severa sanción.

Fines

Por norma general, ITF actúa luego de cometidos los ilícitos, a través del TIU, conformado por las tres entidades que rigen el tenis más el Grand Slam Board –las federaciones de los países que organizan los cuatros torneos mayores-. La prevención sólo incluye algunos protocolos e identificaciones de personas, tanto apostadores como reclutadores. No existe envío de fondos específicos ni de efectivos de seguridad o similar. Incluso la mayoría de las acciones son contra jugadores que arreglaron partidos una vez que se comprobó el hecho.

“A ITF y ATP les molesta las apuestas ilegales porque perjudican a sus principales sponsors, que son las agencias legales, entonces pretenden que ejerzamos un poder de policía que no tenemos. Piensan que son un país soberano y son una institución que rige un deporte. No podemos identificar personas ni scanear pasaportes, pero lo hacemos. Esto es arriesgado, no sabemos con quiénes nos metemos”, aseveró Riquelme.

El particular modus operandi de los apostadores, envueltos en cables, dispositivos y filmando los puntos (así alertan a otros pares) los hacen fácil de identificar, pero otros se mueven con sigilo. Todos, a pesar de las situaciones, viven una especie de adicción de ver los puntos aunque estén dialogando con la policía o estén en una comisaría. No se pueden alejar de ese mundillo perverso, están atrapados y sólo desean volcar una suma de dinero en un punto, un golpe o un deportista.

La organización denunció ante la policía al apostador chileno y al italiano, y la causa la tomó la Fiscalía N°8 de General Madariaga, aunque fuentes policiales aseguraron que este acto no constituyó un delito. Estos dos, al igual que los otros, estaban alojados en el hotel. En líneas generales, todos terminaron abandonando las instalaciones, no sin antes intentar seguir con su actividad lúdica.

Un último actor esencial en este mapa es la Asociación Argentina de Tenis. Consultada por este medio en relación al marco jurídico que engloba estas situaciones, el secretario legal y el director deportivo derivaron entre sí las dudas sin llegar a una conclusión. “Todos estos torneos están regidos por la ITF y el TIU, y hay un trabajo colaborativo entre los organizadores y el supervisor del certamen, que es el representante de ITF. Se detecta, se denuncia y se expulsa en caso de ser necesario”, describió Martín Vassallo Argüello.

Las mafias de las apuestas ilegales en el tenis no son nuevas en el país. Hubo casos concretos el año pasado y sospechas desde antes. Ahora las situaciones fueron a otra escala, pero poco se puede hacer sin la rigurosidad necesaria de las autoridades y un cambio en los cimientos del reparto de dinero. Quizás, también ayude eliminar los resultados en vivo y que los umpires vuelvan a usar las planillas manuales, un método que ITF no quiere volver a utilizar por anticuado.

La mayor preocupación actual pasa por sostener el inmenso negocio de las casas de apuestas legales, las cuales, según un relevamiento, pierden miles de millones por año a través del deporte que sponsorean. Lo que no está claro es el sistema que usan los apostadores para invertir, si son aplicaciones lícitas o un circuito clandestino. Por uno u otro método, el tenis sale perjudicado y los más afectados son los propios atletas. Las soluciones no surgirán del azar, sino del trabajo conjunto de autoridades y organizadores.

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