sábado 20, abril, 2024, Eduardo Castex, La Pampa

«Griselda», la serie sobre el mundo narco donde Sofía Vergara rompe sus moldes

El productor estadounidense Eric Newman, una de las mentes detrás de las exitosas «Narcos» y «Narcos: México» vuelve a explorar el inframundo del tráfico de drogas que históricamente unió a Latinoamérica y Estados Unidos en «Griselda», la serie que llega el próximo jueves a Netflix y en la que la reconocida Sofía Vergara se desmarca del lugar que le asignó Hollywood para dar vida a la ambiciosa líder colombiana de uno de los cárteles de cocaína más poderosos en Miami durante los 80.





«Siempre me interesó su historia, y una de las razones por las que no la incorporamos en las anteriores tiras es porque no era alguien que compartiera espacio, era demasiado buena para ser un personaje que entra y sale solamente. Ella es muy fascinante y dinámica como para compartir el foco», explicó Newman en diálogo con Télam sobre la propuesta que retrata el ascenso de Griselda Blanco en aquel masculinizado territorio criminal, donde incluso fue una de las mentoras de un entonces joven Pablo Escobar.

«La Madrina», quien murió en 2012 a los 69 años cuando recibió dos tiros por parte de un motociclista en Medellín, es interpretada en la pantalla por Vergara, quien tras sus inicios en el rubro del entretenimiento y en un puñado de telenovelas a mediados de los 90, se instaló definitivamente en Estados Unidos y se hizo un lugar en el género de la comedia tanto en cine como en TV.

A pesar de ser encasillada por la industria en papeles de «latina sensual», e incluso ridiculizada por su acento en inglés, la actriz oriunda de Barranquilla se consolidó como una de las más populares intérpretes en lo suyo. Lo hizo con sus roles en «Casi un gigoló» (2013), «Chef» (2014), «Dos locas en fuga» (2015) y en la sitcom «Modern Family», quizás su trabajo más famoso y el que le valió cuatro nominaciones en los Emmy y otras tantas en los Globos de Oro.

Ahora, Vergara da un salto al campo del drama con esta ficción de seis episodios que narra como Blanco, escapando de un esposo abusivo en Colombia, y con quien ya se había involucrado el negocio de la cocaína, arriba a Miami con sus tres hijos. Allí, combinando sus habilidades y la desesperación, volverá a meterse en el violento mundillo del tráfico internacional hasta convertirse en la jerarca de la principal organización, que se calcula generaba unos 80 millones de dólares por mes, en una época en la que el conflicto con la ley era intenso como nunca y las traiciones y asesinatos estaban a la orden del día.

Alberto Guerra, Christian Tappan, Martín Rodríguez, Juliana Aidén Martínez, Vanessa Ferlito y la popular cantante de reggaetón Karol G -en su debut como actriz- completan el elenco de «Griselda», que desembarca en streaming con dirección del colombiano Andrés Baiz, quien ya había tenido su paso como realizador en «Narcos» y «Narcos: México».

De cara a su estreno, Newman -también productor de filmes como «Niños del hombre» (2006) y la remake de «La cosa del otro mundo» (2011)- conversó con esta agencia sobre la elección de «La Madrina» para protagonizar su nuevo proyecto y de su mirada sobre la mentada «guerra contra las drogas» del país del norte.

T: Después de investigar sobre ella y su vida, ¿qué dirías que la llevó a ocupar ese liderazgo en un entorno tradicionalmente dominado por los hombres?

EN: Está exclusivamente dominado por los hombres, de hecho previo a la serie conocía la narrativa común y las cosas que decían de Griselda, que era una «bestia», un «demonio». Es un adagio anticuado, pero en inglés una mujer «badass» (ruda) es una «perra», está mal vista, pero un varón «badass» es un jefe. Incluso ahí hay misoginia, no poder darle crédito a una mujer por ser más inteligente, fuerte, valiente, porque había que crear un peyorativo para ella. Cualquier relato que se conoce de ella es increíblemente poco halagador, y en mi experiencia eso no es posible, no te convertís en líder de una estas organizaciones sólo a través de la violencia y la intimidación, no funciona así.

Lo que me pareció interesante es cuánto la amaba la gente que sí la conoció, y cuán bien funcionó para todos durante un tiempo. Ahora, lo que creo que la derrotó fue su trauma, el abuso y el sufrimiento que experimentó desde chica, forzada a prostituirse, todo eso le permitió convertirse en Griselda Blanco pero también la arruinó, porque lo llevó demasiado lejos. Aquello que le permitió crecer hasta la cima en un ambiente tan masculino como el del narcotráfico latinoamericano es lo mismo que la hundió. Y como guionista y como productor es lo que siempre estoy buscando, en términos de esa especie de «maldición bendecida» que viene con el éxito, algo que se puede ver hasta en «El ciudadano» (de Orson Welles), donde tus fuerzas también son tus debilidades.

T: Y para encarnarla trajeron a Sofía Vergara, en un rol muy diferente al que el público está acostumbrado a verla. ¿Qué dice este trabajo sobre ella como actriz?

EN: Es espectacular, no tiene límites en sus habilidades, en lo que puede hacer. Obviamente estábamos convocando a una de las mayores estrellas de la comedia de los últimos treinta años, con una trayectoria gigante en televisión, y eso es muy difícil. Lo que hacía en «Modern Family» no es para nada un arte menor, pero es diferente a lo que hace como Griselda. Nunca dudé de que podía hacerlo, creo que se vinculó con Griselda de algunas maneras, aunque por supuesto no todas las madres solteras colombianas e inmigrantes se convierten en líderes de su propia organización de tráfico, pero creo que hay un entendimiento, incluso quizás una cierta empatía, que ella puede encontrar al haber atravesado esa experiencia y logrado éxito en un mundo que está en tu contra.

Una de mis películas favoritas es «El rey de la comedia», de Scorsese, donde Jerry Lewis interpreta a un Jerry Lewis muy distinto al que conocíamos. Peter Sellers también lo hizo, ocasionalmente, como en «Lolita», y por supuesto Tom Hanks, que era una estrella de las comedias románticas. Cuando lo ves en vivo, especialmente de cerca, es muy destacable. Y creo que ella es la fuerza que movió hacia adelante la serie, dijo «quiero interpretar a esta persona y puedo hacerlo», y su performance es genial. Es simpática, instantáneamente creés en su lucha, y cuando empieza a desviarse de su camino lo sentís, y esperás que pueda lograrlo. Me parece que fue una elección muy inspiradora.

T: Hace poco también estuviste detrás de la miniserie «Medicina letal», que retrata otro tipo de problemáticas de drogas, de adicciones, y de salud. ¿Qué diferencias hay con el tráfico de sustancias ilegales? ¿Qué falló o está fallando en la «guerra contra las drogas»?

EN: Me lo preguntan bastante seguido, y en versión tonta es «¿qué es peor?» y «¿lo estamos tratando de la misma manera?». Para mí, la tesis de «Narcos», desde el momento en que tuve la idea de hacerla, fue que nunca podés ganar una guerra contra las drogas atacando a la demanda e ignorando la oferta. Las drogas son una crisis sanitaria, y la oxicodona y lo que vino después, el fentanilo, lo que probaron para mí es que se aprovecharon de la necesidad, de la adicción, que fue usada por negocios legítimos para ganar millones de dólares y matar a millones de personas. Entre los traficantes y las farmacéuticas, obvio que son peores las farmacéuticas, porque los traficantes de droga no pretenden ser nada que no son.

T: Los narcos no mienten.

EN: ¡No mienten! Quizás sí a la Policía o a la Justicia, pero no a sí mismos, como sí lo hacen los médicos y el sistema de salud, las compañías de seguros, con la forma en que le mienten a la gente y explotan y traicionan su confianza. Pablo Escobar solía decir que si la hoja de coca creciera en Virginia, la cocaína sería legal en Estados Unidos. Y creo que tenía razón, de la misma manera en que si la marihuana no creciera en California o en Oregón como sucede, no hubiera sido legalizada jamás. El dinero siempre es más importante que las personas cuando se trata del Gobierno, incluso para aquellos que tienen buenas intenciones. Es muy interesante para mí poder ver ambos mundos, poder ver qué pasa cuando algo es ilegal o cuando está aprobado por el sistema. Suelo decir que divido el mundo no entre buenos y malos, sino entre malos y muy malos. Y los muy malos siempre son los que hacen dinero con estas cosas, sin ensuciarse las manos. Ahí es donde verdaderamente está la deshonestidad y la traición.

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