La irrupción del representante del presidente Javier Milei en la política pampeana, el ahora diputado nacional Adrián Ravier, fue la instalación en el escenario provincial del «experimento porteño» de La Libertad Avanza para, más que hacer pie en el territorio, cooptar las representaciones en el Congreso.
Y cuando hablamos de «experimento porteño» nos referimos a un legislador que es un paracaidista de la política, alguien que llegó puesto por el gobierno nacional para ocupar un cargo, sin trayectoria previa, ni conocimiento sobre la realidad pampeana. En 2025 en la boleta de LLA el candidato podría haber sido cualquier otro, aunque Ravier representara los valores mileístas, ya que lo que se apoyó de la boleta violeta fue al gobierno nacional o al voto antiperonista.
Vivir como en Buenos Aires
La presentación de un libro suyo, y de otro escrito en conjunto con Milei (reconocido por sus plagios), mostró lo distante que está de La Pampa. Ravier llegó con dos custodios que ya tiene asignados de la Policía Federal y sumó otros dos locales para «protegerlo» en un evento social que se hizo en un salón del hotel Mercure. Una cobertura totalmente desproporcionada y fuera de contexto. «¿Qué le podía pasar en una reunión donde solo había tilingos y gorilas?», fue una de las reflexiones en las redes. Por supuesto, custodios que los paga el Estado. «No hay plata para discapacitados ni jubilados, si para guardaespaldas», fue otro comentario.
Los temores de Ravier están relacionados con sus declaraciones, desmedidas y provocadoras, que solo realiza a los medios porteños o por redes sociales que van desde pegarle a los empleados de Casa de Gobierno por «ñoquis» como a sus propios estudiantes en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la UNLPam por no ser empresarios. Con los medios pampeanos ha decidido no hablar (salvo que sean «del palo» o le tiren centros como A24 o los streaming libertarios) para evitar las repreguntas que lo incomodan. Un diputado que solo habla en Buenos Aires.
El libro que presentó, además, reafirma esta condición de la que hablamos: ya su teoría de implementar una medida de bajar tasas aplicada en un partido del Conurbano como Tres de Febrero que tiene 380.000 habitantes a pueblos de La Pampa, mojándole la oreja además de intendentes radicales como si no supieran gestionar, da cuenta de su desconocimiento de la política y de nula relación con los dirigentes de la oposición local.
Perfil a medida del gabinete
Su perfil parece a medida, calcado, con el mismo molde, que algunos representantes del gobierno. Un economista que lanza arengas y opiniones supuestamente liberales como único capital político. Pero no solo en eso se asemeja. Fue director académico de la ultraderechista Fundación Faro (hoy sospechada por sus ingresos en un año de casi $ 5 mil millones por «donaciones, cursos, talleres y prevención»). Un profesor exitoso económicamente que solo dando clase pudo comprar una casa en Santa Rosa en 2020, pero tras su paso por la fundación Faro adquirió, sin vender esa propiedad ni pedir préstamo, un departamento en Barrio Norte por más de 172 millones de pesos un mes antes de asumir en el Congreso, según su declaración jurada. Una trayectoria económica exitosa si el escándalo de Manuel Adorni no hiciera sombras sobre el enriquecimiento de funcionarios y allegados al gobierno nacional. En poco tiempo, Ravier se sumó a la casta que decía combatir.
La diferencia con el PRO
Ravier es por supuesto el representante de una tercera fuerza en La Pampa (las históricas son el PJ y la UCR) que hicieron pie en la provincia con el empuje de un Gobierno nacional. Algo comparable a lo ocurrido con el PRO pampeano en su momento (una tercera fuerza que también tuvo un presidente como Mauricio Macri y hasta ganó elecciones legislativas). Pero las diferencias con sus socios macristas son importantes.
El PRO tuvo el empuje de una fuerza política nacional que iba creciendo de la mano de Macri y directamente relacionado con la presencia de Javier «Colo» Mac Allister. Un ex jugador de fútbol que «volvió» a La Pampa a hacer política. Pero hay diferencias: Mac Allister siempre tuvo lazos con la provincia, la conocía y era un referente deportivo con peso propio, capital personal que lo ayudó como dirigente. Aunque se lo tildara de outsider, Mac Allister tuvo una trayectoria política con votos propios, muchos conseguidos por ser un representante del deporte pampeano, reconocido y querido por el futbolero. Que podía recorrer la provincia sin miedos. Mac Allister era genuino, no implantado.
En el Congreso de «levantamanos»
Y finalmente el «experimento porteño» tiene que ver con su desempeño en el Congreso. Ravier no tiene ningún proyecto propio, tampoco alguno que tenga que ver con La Pampa ni remotamente. Se lo podría tildar de un «levantamanos». Solo fue firmante de cinco proyectos (tres son repudios por el atentado a Trump, por graffitis de Grabois y por la agresión a un diputado tucumano), todos de declaración. Esto se puede consultar en la página web de la Cámara de Diputados. Se podría pensar que esa baja producción se debe a que recién hace siete meses que ocupa una banca. Pero comparando con lo realizado por el otro diputado que ingresó también el 10 de diciembre de 2025, el peronista Abelardo Ferrán, hay mucha diferencia. Ferrán firmó 24 proyectos, dos de autoría propia junto a los otros dos legisladores pampeanos del PJ por temas de La Pampa (cloacas en Catriló y radar del INTA en Anguil) y pedidos de informes por temas como energía nuclear, políticas sociales, declarar la emergencia alimentaria y sanitaria, fondos para bomberos voluntarios y discontinuidad del plan Remediar.
El Gobierno libertario sueña con expandirse al interior. Un interior que desprecia y al que le hace pagar su ajuste. Ravier juega con que puede ser candidato a gobernador de un frente antiperonista, y por lo bajo también habla de que sería más conveniente para los libertarios quedarse con la senaduría en 2027. Todo dependerá de lo que quieran Javier y Karina Milei. Esa es la razón del «experimento porteño»: servir al interés político del Gobierno central.
(*) Por Norberto Asquini (periodista)














