Nuestros vecinos uruguayos no están pasando un buen momento en cuestión de procesos naturales. A la tremenda sequía que azota al sur de este país desde hace varios meses y hace peligrar la provisión de agua potable, se sumó un inesperado fenómeno que encendió alarmas en algunas localidades charrúas. Un sismo de magnitud 5.2 grados en la escala de Richter, según datos del Observatorio Geofísico de Uruguay, sacudió el suelo del sureste uruguayo. Se reportó el día 12 de julio a las 5:43 am y tuvo epicentro unos 11 kilómetros mar adentro frente a la costa de la ciudad de Atlántida, localidad balnearia del departamento Canelones.
El movimiento telúrico se sintió también en Montevideo y ciudades aledañas y fue registrado incluso en algunas localidades del centro del país, alejadas de la costa.
En países como Chile, Japón o México, entre otros, los movimientos sísmicos son recurrentes y en ocasiones altamente destructivos. Esto es debido a que se sitúan muy cerca de límites de placas que interaccionan entre sí. En cambio, el ambiente geotectónico en el que se encuentra Uruguay -y toda la costa atlántica- es en una zona interna de la placa Sudamericana y se conoce como margen continental pasivo. Aquí no existe interacción con otras placas tectónicas, lo que la hace una región de bajo riesgo sísmico, pero no exenta del mismo.
Uruguay es un país relativamente joven en materia de sismología y los primeros registros sismográficos datan del año 2013. Desde entonces se han reportado frecuentes sismos de baja a muy baja magnitud.
Estos movimientos telúricos posiblemente responden a la reactivación tectónica de antiguas fallas que afectan al basamento situado debajo de la plataforma y del talud continental. Estas fallas y estructuras geológicas se vinculan a la apertura del actual océano Atlántico durante la era Mesozoica -aproximadamente entre los 180 y 70 millones de años- y al reacomodamiento de otras estructuras de más larga data, relacionadas a lineamientos relícticos del cratón del Río la Plata, con edades precámbricas.
De este modo, la placa Sudamericana, en su viaje ininterrumpido hacia el oeste, empujada por la expansión oceánica que ocurre hacia el este, en la Dorsal Centrooceánica del Atlántico, pero obstaculizada por la Placa de Nazca -frente y debajo Chile-, experimenta distensiones y compresiones de diferentes magnitudes y en distintas direcciones que probablemente “despierten” temporalmente a alguna de estas viejas fallas y esto se manifieste en superficie, en lugares inusuales.
Esto es, probablemente, lo que debió suceder el miércoles en la madrugada frente a las costas uruguayas.
(*) Mauro Bernardi es licenciado en Geología y doctor en Ciencias Geológicas. Desde el año 2019 es Profesor adjunto de Geología Estructural, materia correspondiente al tercer año de la Licenciatura en Geología que dicta en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNLPam.